𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚:
Entro al aula vacío y me desplomo en una de las sillas del fondo. Eran las ocho de la mañana, pero las clases no empezaban hasta las nueve. Ayer, después de la reunión que tuvimos con el director, tuve que salir prácticamente corriendo de la universidad para ir a la cafetería donde estaba trabajando. Acabé tan agotada anoche, que hoy se me hizo muy complicado levantarme de la cama.
Es por eso que decidí venir antes, porque sabía que si me quedaba más tiempo de lo normal en casa, no iba a venir.
Las cosas estaban yendo demasiado despacio. Nael, me medio odia y no he podido acercarme a Cassie, por el trabajo.
Si fuera por mí hace mucho que hubiera hecho hablar a ese mocoso de Nael, y ahora mismo ya estuviera buscando a su padre. Pero no entiendo porque se tiene que hacer las cosas así.
¿𝐀𝐜𝐚𝐬𝐨 𝐥𝐚 𝐟𝐚𝐦𝐢𝐥𝐢𝐚 𝐊𝐞𝐧𝐬𝐢𝐧𝐠𝐭𝐨𝐧 𝐞𝐫𝐚 𝐭𝐚𝐧 𝐩𝐞𝐥𝐢𝐠𝐫𝐨𝐬𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐫𝐞𝐪𝐮𝐞𝐫𝐢𝐫 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐜𝐮𝐢𝐝𝐚𝐝𝐨?
No entendía porque no podríamos utilizar la antigua usanza de nuestra familia para tortura y sacar información. Creo que las cosas hubieran sido más fáciles si hacíamos eso.
También todavía tenía muchas preguntas sobre esta misión.
¿𝐏𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚 𝐍𝐢𝐜𝐨𝐥𝐚𝐬?
¿𝐏𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐞𝐫𝐚 𝐧𝐢𝐯𝐞𝐥 𝐭𝐫𝐞𝐬?
¿𝐐𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚𝐭𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐜𝐚𝐬𝐨?
¿𝐏𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐦𝐢 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐞𝐯𝐢𝐭𝐨 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐫𝐦𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐫𝐚?
¿𝐄𝐥 𝐜𝐚𝐬𝐨 𝐬𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐞𝐥?
𝐄𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐬𝐨 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐚 𝐝𝐞 𝐞𝐥, ¿𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫𝐚 𝐯𝐞𝐧𝐠𝐚𝐧𝐝𝐨?
Mi padre no era de las personas que solicitaba ayuda a nadie. El siempre resuelve sus problemas el mismo. En ocasiones me doy cuenta y en otras no.
Lo que sí tengo muy claro, es que no tenemos ningún rival o nadie que nos estuviera amenazado, hasta el punto de vengarnos de ellos.
Tampoco es que me haya quedado de brazos cruzados ante mis preguntas. Investigue un poco. Busque algo indicio que indique que Nicolás tenia alguna relación con mi padre o se conocían antes, pero no encontré nada.
No sé registraba ninguna conversación, ninguna foto o video. Nada absolutamente nada. Pero eso, justamente eso, era lo que se me hacía más sospechoso.
Casi todas las familias de Italia que trabajan en la ilegalidad, se conocen. Tanto porque han hecho vínculos para ayudarse, tratas entre ellos o por eventos como las que hicieron los Hidalgos, que son coleccionistas de armas ilegales antiguas.
Prácticamente todos se conocen entre sí y hasta puedo llegar a decir que hay muchas rencillas entre muchos. Pero hace mucho que se rumorea entre las organizaciones, que hay una persona que todo lo mueve. Alguien que controla a cada organización, siendo así la persona más peligrosa de todas. Porque se dice que cuando esa persona habla, todos tiemblan.
El problema es que nadie sabe su nombre.
Quien sabe, puede ser que esté entre nosotros oculto. Negociando con cada uno o infiltradose. Pero nadie investiga, cuestiona o indaga más en el asunto, por miedo.
Hubo una vez, cuando apenas tenía cuatro años y había acabado mis clases privadas de gramática. Subí al despacho de mi padre, ya que había conseguido por fin, escribir el nombre de toda mi familia, haciendo que mi profesora, me diera una paleta como premio. Como niña emocionada, fui a enseñárselo a mi padre.
Cuando llegué a la puerta y iba a tocarla, decidí no hacerlo y entré de golpe.
El despacho estaba ocupado por varios hombres, los cuales tenían a mi padre arrodillado con una pistola apuntándole. Ante esto, me quedé en shock. No comprendía lo que estaba pasado, pero tampoco era la única en shock. Tanto mi padre como los demás se quedaron tan sorprendidos como yo.
Observé el despacho entero aún atónita, pero mi mirada se detuvo en un hombre con una máscara negra, sentado en una silla en el centro de todo, con la mirada fija en mi.
Mi padre al verme tan shokeada, se levantó del suelo y corrió hacia mi, para taparme el rostro con su cuerpo.
Nadie dijo nada por unos minutos, hasta que aquel hombre empezó a reírse a carcajadas, para después detenerse y murmurar con voz profunda: Así que parte de los mellizos, también tienes una hija, la cual no figura en ningún registro... que bien oculta la tienes. Se me quitaron hasta las ganas de matarte...
Después de eso, mi padre me sacó de allí temblando de miedo y llorando sin control. Nunca supe nada de ese hombre. Tampoco mi padre quiso hablar del tema. Siempre que lo mencionaba, se ponía agresivo y me castigaba sin dejarme jugar con mis muñecas. Es por ello que no quise volver a indagar más en ese asunto. Era más las consecuencias que tenía al preguntar, que por eso preferí olvidar.
Cabe recalcar, que mi identidad después de eso, fue más oculta. Ya era alguien inexistente por decisión de mi madre, al no quererme involucrar con nada que tenga que ver con la organización. Pero las cosas cambiaron mucho. Empecen a entrenar a la edad de seis años. Me formaron para ser una gran asesina y a la par para ser una sombra que no existe en el mundo.
Ahora de adulta, me acuerdo de vez en cuando de ese momento. Y puedo llegar a decir que fue súper extraño. No sé si mi nacimiento como asesina nació después de que ese hombre me viera, pero lo que sí sabía era que en mi familia habían muchos secretos que no conocía.
Eso no era todo, desde anoche otras preguntas más que había paso por desapercibido antes, ahora van rondando por mi mente.
¿𝐏𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐟𝐮𝐢 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐚𝐝𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐜𝐮𝐚𝐭𝐫𝐨 𝐦𝐞𝐬𝐞𝐬 𝐚𝐭𝐫𝐚𝐬, 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐞𝐯𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐟𝐚𝐦𝐢𝐥𝐢𝐚 𝐇𝐢𝐝𝐚𝐥𝐠𝐨?
𝐌𝐢 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐬𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫𝐥𝐨 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐬𝐮𝐩𝐨𝐧𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐞𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚. 𝐏𝐞𝐫𝐨, ¿𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐬𝐨 𝐦𝐨𝐬𝐭𝐫𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐞𝐧𝐢𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐡𝐢𝐣𝐚?
𝐃𝐚 𝐢𝐠𝐮𝐚𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐞 𝐞𝐯𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐡𝐚𝐲𝐚 𝐬𝐢𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐬𝐜𝐚𝐫𝐚𝐬. 𝐃𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐬 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐬, 𝐲𝐨 𝐧𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐦𝐨𝐬𝐭𝐫𝐚𝐝𝐚 𝐞𝐧 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐮 𝐡𝐢𝐣𝐚.
𝐉𝐨𝐝𝐞𝐫...
𝐓𝐞𝐧𝐝𝐫𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐥𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐭𝐨 𝐦𝐚𝐬 𝐥𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐦𝐢 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞. 𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢 𝐧𝐨, 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐚𝐜𝐚𝐛𝐚𝐫𝐚𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐦𝐢𝐠𝐨.
La puerta del salón se abre, entrando por ella varios estudiantes. De un momento a otro, la paz que sentía cuando llegué, se ve interrumpida por voces altas y risas de mis compañeros, cosa que me provoca hacer una mueca.
Me acomodo en mi asiento y apoyo mi cabeza en mi antebrazo, cerrando los ojos con la intención de dormir durante toda la clase. No pasan ni unos segundos cuando siento movimiento a ambos lados. Primero alguien se sienta a mi izquierda. Luego, a mi derecha.
Frunzo el ceño ante esto, ya que normalmente mis compañeros evitan sentarse a mi lado, por ser la pobre.
Me incorporo y abro mis ojos, observando a Nael a mi derecha. A Jumin a mi izquierda, y al lado de Nael, Oliver.
Ninguno decía nada, ni siquiera me miraban, haciendo que esto sea más extraño.
—Creo que por tu seguridad, es mejor que te pares de ese asiento y te busques otro...—. Susurra Jumin cerca de mi oído.
Giro mi cabeza rápidamente al sentir su aliento tan cerca. Nuestros rostros estaban tan cerca, que tengo que inclinar mi cabeza hacia atrás ante esto.
—¿Por qué razón debería de hacer eso?—. Pregunto, confusa.
Jumin se encoge de hombros y suspira.
—No digas que no te lo advertí.
Alzo una ceja, sin entender nada.
¿𝐐𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐬𝐞 𝐜𝐫𝐞𝐞?
Un fuerte empujón contra la mesa me saca de mis pensamientos.
Levanto la vista.
Mikaela está frente a mí, visiblemente molesta.
—Es mi sitio, muévete—. Ordena con tono autoritario.
Parpadeó varias veces.
𝐏𝐞𝐫𝐨... ¿𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚?
Unas ganas enorme de reírme de ella, me invaden, pero en cambio de hacer eso, la miro de arriba abajo con total desdén.
—¿Por qué tengo que hacer eso?
—Porque es mi sitio y yo siempre me siento ahí.
Tuerzo los labios y ladeo la cabeza para mirar detrás de ella. Solo queda una silla libre. Pero estaba cerca de la pizarra y si mi intención era dormir, en ese siento estaba demasiado expuesta al profesor y podría llamarme la atención.
𝐄𝐬 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐯𝐞𝐨 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐚𝐭𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐧𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐚𝐪𝐮𝐢́, 𝐩𝐞𝐫𝐨... ¿𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐨𝐯𝐞𝐫𝐦𝐞 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐥𝐨 𝐝𝐢𝐠𝐚?
Vuelvo a mirarla y sonrisa con calma.
—¿Qué me mueva a donde?
—No es mi problema—. Responde cruzándose de brazos.
Alzo una ceja y me cruzo de brazos también.
—Pues tampoco es mi problema que este sea tu sitio.
Sus ojos se entrecierran y una sonrisa maliciosa se dibuja en su rostro. Apoya las manos sobre la mesa y se inclina hacia mí.
—¿No te piensas quitar?
Guardo silencio por unos segundos.
No es como que quisiera quedarme en ese ridículo asiento porque quiera, era más porque lo necesitaba. Era el único asiento libre en ese momento, que estaba lo suficientemente lejos de los ojos del profesor. Además ahora por la forma en la que me estaba hablando, ya no tenía ganas de quitarme.
¿𝐐𝐮𝐢𝐞́𝐧 𝐬𝐞 𝐜𝐫𝐞𝐢́𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐚𝐫𝐦𝐞 𝐨́𝐫𝐝𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐚 𝐦𝐢́?
Chasqueo la lengua y me inclino hacia adelante, imitando su postura.
—Mira por donde... no me apetece.
En el aula se escucha un gran "Uhh," por todos mis compañeros, haciendo que me diera cuenta de que todos nos estaban observando.
—¿Sabes quién soy?—. Escupe ella con incredulidad.
—Una caprichosa que pelea por un asiento. Si, se quien eres.
—¿Como se atreve una pobretona como tú hablarme así?—. Empieza, levantando la mano. —Maldi...
Su brazo queda detenido en el aire.
Nael se ha levantado y le sujeta la muñeca con firmeza, mirándola con frialdad.
—Deja que se siente hoy aquí, Mikaela. Mañana podrás volver a ocupar tu asiento habitual.
Ella lo mira, sorprendida, pero enseguida recompone su expresión y lo fulmina con la mirada.
—Pero, ¿por qué la defiendes, en vez de decirle que se largue?—. Protesta.
—Ya basta. Siéntate allí —. Dice señalando la única silla libre cerca de la pizarra. —No hagas una escena. No estoy de humor.
Mikaela abre la boca para volver a protestar, pero Nael la fulmina con la mirada y esta no tienen más opción que cerrar la boca.
Se suelta con brusquedad de su agarre y se aleja de nosotros a grandes zancadas hacia el asiento.
El aula queda en silencio cuando Nael vuelve a sentarse.
Lo observo, desconcertada.
¿𝐏𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐦𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐫𝐚́ 𝐝𝐞𝐟𝐞𝐧𝐝𝐢𝐝𝐨?
—No te equivoques, rubita—. Dice sin mirarme. —No te defendí. Tan solo no quería una pelea de buena mañana de dos estupidas por un lugar.
Aprieto mi mandíbula y desvío la mirada hacia el frente. No me quedé por el estupido asiento en si. Tenía mis razones, pero no tenía que darle explicaciones a nadie.
𝐒𝐢 𝐥𝐨 𝐬𝐞́, 𝐧𝐨 𝐦𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐚𝐪𝐮𝐢́.
—Vaya... tienes mis respetos.
El susurro de Jumin me hace girar la cabeza.
El rostro de este y el mío, vuelve a estar a escasos centímetros. Frunzo el ceño y me alejo.
—De verdad que no sabes lo que es el espacio personal, eh.
Este se vuelve a encoger de hombros, con una sonrisa divertida.
—Eres más valiente de lo que pensaba, lastima que, desde hoy, seas su objetivo.
—¿Su objetivo?—. Entrecierro mis ojos.
—Si, conociendo a Mikaela, ella no se va a quedar quieta después de esa humillación.
—¿Humillación? Yo no la humille, ella se humilló sola. ¿Quien en su sano juicio discute por un ridiculo asiento?
—Mikaela—. Responde sin dudarlo.
Se me escapa una pequeña risa, pero se corta de golpe cuando Nael golpea mi mesa con la palma.
—Permití que te quedarás aquí, pero cállate la boca.
Lo miro, incrédula, lista para responder, pero Jumin aprieta mi brazo y niega con la cabeza. Bajo mi mirada hacia sus labios, para observar que gesticula un: A este si que no le contestes.
Le observo por unos segundos y decido quedarme callada por el bien de mi misión.
𝐘𝐚 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐢𝐝𝐞𝐚 𝐛𝐚𝐬𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐦𝐚𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐦𝐢. 𝐀𝐬𝐢́ 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐫𝐚́ 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐧𝐨 𝐞𝐦𝐩𝐞𝐨𝐫𝐚𝐫𝐥𝐚... 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐯𝐢́𝐚.
Respiro hondo y me acomodo de nuevo, apoyado la cabeza en el brazo y cerrando mis ojos.
Desde el asiento de delante, siento una mirada clavarse en mí.
No duermo. Porque sé perfectamente que esto no se va a quedar así.