GABRIELA
Ya estábamos a nada de la inauguración de la nueva sucursal, y Erick cada día estaba de peor humor, ya que me veía de aquí por allá, empacando y dando los últimos arreglos para el traslado. Como íbamos a contratar gente nueva decidí llevar a unos cuantos trabajadores de aquí conmigo y así mi prometido se sienta más seguro.
–Sam, ¿Cómo vamos? – pregunté a mi asistente de veinte años, un joven rubio y de ojos azules, muy guapo.
–Creo que ya todo está listo, contratamos un barman y todo lo que se necesite para una fiesta, incluso a esa banda que está de moda, creo que se llama D4– asentí lentamente, algo me indicaba que me estaba olvidando de algo importante. Mierda, ¡mi vestido!
–Sam, Sam, querido Sam– dije acercándome y poniendo mis manos en sus hombros–, necesito un vestido, encárgate de eso.
–Pero señorita, no sé sus gustos– dijo tartamudeando, sonreí.
–Pongo mi estilo en tus manos, me avisas si encuentras algo, escúchame, que sea algo sexi pero que no diga que soy una perra, ¿vale? – él sonrió y asintió.
Salí de mi oficina y me dirigí hasta la de Erick. Él estaba sentado en su sillón con la vista fija en las calles.
–¿Cariño? – pregunté al cerrar la puerta tras de mí.
–¿Necesitas algo? – preguntó aún sin mirarme.
–Ya llevas muchos días así, no es justo, deberías apoyarme– dije, mientras me acercaba y me sentada en sus piernas.
–Yo te apoyo, hace uno días te apoyé contra esa pared– dijo apuntando la pared que estaba frente a nosotros, puse lo ojos en blanco.
–No me refiero a ese apoyo, deberías estar ayudándome en buscar un apartamento, en preguntarme cómo me siento, si estoy nerviosa y eso…– dije y puse mis manos en su cabello despeinándolo.
–No hagas eso– dijo moviéndose, me puse de pie molesta y me crucé de brazos.
–No te entiendo– dije.
–Necesito que busques una asistente, al irte y llevar contigo a Sam, me quedo solo. Así que busca una asistente, ¿entendido? – negué con la cabeza, pero hice lo que me pedía. Antes de salir de su oficina le di un beso en la mejilla.
–Te veo en el almuerzo– dije y salí.
Fui hasta donde estaba nuestra recepcionista.
–Angie, ¿has visto a Sam? – pregunté buscando con la mirada a mi asistente rubio.
–Hace unos minutos salió, fue a buscar algunos pedidos– contestó.
–En cuanto llegue lo mandas a mi oficina, lo estaré esperando– anuncié y me dirigí al ascensor.
Cuando estuve dentro de mi oficina bajé las persianas y busqué en el cajón de mi escritorio mi precioso vibrador rosa, últimamente lo utilizaba a diario, ya que Erick ni me miraba.
Pero cuando me dispuse en ir al baño la puerta de mi oficina se abrió, inmediatamente oculté el vibrador en mi espalda.
–Señorita, ya tengo su vestido, en una hora lo traerán, dijo Angie que quería hablar conmigo– dijo Sam, apreté los labios con fuerza para no reír, poco a poco me apoye en mi escritorio y deje el vibrador allí.
–Sí, eh… ¿ya tienes el vestido? – pregunté nerviosa
–Sí, eso dije– respondió con una sonrisa–, ¿le pasa algo?
–¿A mí? ¡No! Como crees, eh…necesito que busques una asistenta, al irnos a Boston Erick se quedará solo, y necesitará ayuda, ¿conoces a alguien? – pregunté, Sam se puso pensativo un momento.
–Mi hermana– respondió sin más.
–¿Cómo?
–Mi hermana– dijo con una sonrisa–, ella ha estudiado secretariado, yo creo que sí estará disponible.
–¿Tienes hermana, Sam? Y ¿Crees que quiera? – pregunté
–La llamaré ahora y le aviso– anunció con una sonrisa, asentí. Sam, se giró y empezó a salir de la oficina.
–Eh, Sam– dije llamándolo, se giró–, ¿Cómo se llama tu hermana? – pregunté con interés.
–Ah, se llama Alessia. Alessia Vásquez–respondió, asentí y le sonreí. Espero y pueda, ya estamos a nada de irnos y quiero dejar todo completamente perfecto.
Cuando llegó la hora de almuerzo miré mi reloj de pulsera.
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Salí de mi oficina disparada a buscar a Erick, pero cuando entré en su oficina no había nadie. Me giré y bajé a recepción con el ceño fruncido, ¿ya se fue? ¿sin mí?
–Angie, ¿has visto a Erick? – pregunté distraída.
–Sí señorita, hace unos minutos salió con un grupo de abogados, al parecer fueron almorzar– asentí desilusionada, cada día que pasaba Erick ya no pasaba tanto tiempo conmigo y ya me empezaba a preocupar.
–Entiendo, pide mi comida por favor, y que la lleven a mi oficina.
–¿No saldrá señorita?
–No, hoy no– respondí soltando un suspiro.
Una vez en mi oficina pensativa llegó mi almuerzo, pero cuando ya estaba por terminar Erick entró en mi oficina.
–Tu padre me llamó y dijo que ya tiene un apartamento separado– anunció, ¿solo me iba a decir eso?
–Necesito un apartamento para dos– dije, mi novio frunció el ceño–, para Sam y para mí, lo necesito a mi lado.
–Tu padre se preocupó por ti, no por tu asistente.
–Pues entonces buscare otra opción– me dispuse a levantarme, pero en ese momento Sam entraba en mi oficina acompañado de una chica muy preciosa.
–Oh, perdón por no llamar, los dejamos– se adelantó a decir Sam.
–No, no te preocupes, ¿es tu hermana? – pregunté y asintieron
–Sí, ella es Alessia, y está encantada de trabajar aquí– solo con verla supe que era perfecta para el trabajo, y me sorprendí lo tan parecidos que eran los hermanos Vásquez. Alessia era una chica alta, rubia y de ojos color azul; igual que los míos. Lo único que me hizo dudar fue la reacción de Erick al verla.
–Un gusto, será un placer trabajar aquí– respondió ella muy contenta.
–El gusto es nuestro, Soy Gabriela, pero puedes llamarme Gabi– dije con una sonrisa–, y este que ves aquí, es mi prometido, Erick Walton.
–Un gusto señor– dijo mirando a Erick.
–El gusto es mío, será mejor que me sigas, empezaras a trabajar ya– Erick salió de mi oficina y Alessia fue en su tras. Me cruce de brazos confundida.
–Creo que si le gustó para su asistenta– comentó Sam, lo mire de reojo, algo en mi interior gritó fuertemente, ¡Alerta! Pero lo ignore por completo.
–Al parecer sí, ¿y el vestido? – pregunté desviando el tema.
–Ahora lo traigo– salió y al minuto apareció con una caja, que supuse era del vestido.
–¡Oh por dios! – dije al ver el precioso vestido que tenía en frente, Sam sonreía de oreja a oreja– ¡Madre mía, Sam! Esto es…perfecto– dije y me acerqué, era un vestido n***o con corte sirena y pedrería en todo el vestido, tenía un escote en forma de corazón que llegaba hasta por debajo de mi estómago.
–¿Le gusta? – preguntó Sam.
–¿Qué si me gusta? ¡es perfecto! Es ajustado al cuerpo como quiero, y la pedrería es…por dios, muchas gracias, no sé qué haría sin ti– dije y le di un abrazo de emoción.
Me separé de su cuerpo y toqué el vestido, era super suave.
–Bueno, iré a terminar unos asuntos, la dejo con su vestido, permiso– asentí sonriente, Erick iba alucinar cuando me lo vea puesto.
Después de toda esa emoción me la pase revisando unos documentos, a la vez que agilizaba contratos y más. Cuando mi teléfono sonó anunciando que eran las seis sonreí, ¡al fin iba a casa a descansar!
Cogí mi bolso y arreglé todas mis cosas, esperaba que Erick llegase a mi oficina, pero no fue así. Salí en su búsqueda y antes de entrar a su oficina escuché unas risas, me acerqué lentamente a escuchar.
–Te veo mañana, temprano por favor– decía Erick.
–No se preocupe jefe, aquí estaré puntual, pero si desea pasa a buscarme.
–Qué más quisiera yo– respondió mi prometido, ¿pero qué mierda pasaba allí? Entre sin tocar y vi sus caras de asombro.
–¿Nos vamos? – dije fríamente. A Erick se le borro la sonrisa y asintió, se despidieron con un beso en la mejilla y salimos hacia el aparcamiento.
–¿Te gusta? – pregunté cuando llegamos a su coche.
–¿Quién? – preguntó sin mirarme.
–Alessia, no creas que no los escuché– dije entrando en el asiento del copiloto.
–Quizás lo dije para que te plantees la idea de irte y dejarme solo– abrí la boca de sorpresa, eso ya era demasiado.
–¿Piensas torturarme así?
–No es ninguna tortura, Gabriela– respondió, negué con la cabeza, pero me quedé en silencio, pensaba contarle acerca del vestido que iba a utilizar, pero no merecía saberlo.
Al llegar a nuestro apartamento bajé a toda prisa y entré. Me fui directa al baño, necesitaba una ducha. Cuando salí Erick estaba envuelto en toalla, y por un instante la misma calentura de siempre volvió. Pero la ignoré por completo, y él hizo lo mismo
–Pasado mañana es la inauguración, ¿ya tienes tu traje? – pregunté.
–¿No te puedes encargar tú? – lo miré y él arqueo las cejas– no vayas a preparar nada, voy a pedir algo.
Me vestí con lo más holgado que había en mi closet y me fui hasta el salón a prender la Tv. Cuando llegó nuestro pedido cenamos en completo silencio, ya nada me estaba gustando. A cada momento que podía lo intentaba seducir, pero no caía.
–Ya basta, ¿no crees que te estas pasando? – pregunté cuando estaba sentada en la cama.
–Necesito dormir– respondió y se acostó a mi costado.
–Y yo necesito que me toques– dije con la voz seductora, pero no dio efecto, ¡Me rechazaba! ¡a mí!
– Puedes tocarte sola– ¡¿Qué?!
–¡No seas imbécil, Erick! Eres mi novio, me deberías cumplir.
–Eres mi novia, deberías quedarte a mi lado– puse los ojos en blanco y me acerqué hasta su oreja, mordí su lóbulo y sentimos como su cuerpo reaccionó al instante.
–Sé que quieres– dije, pero sin previo aviso se puso de pie y se fue al salón. Me quede de piedra al observar su actitud, ¿qué mierda le pasa? Por más que quise ir tras él, no lo hice. A veces es mejor mantenerse alejados por un momento, porque si él no quiere estar cerca de mí, ¿qué sentido tiene ir tras él?
No sé si vino a dormir conmigo, pero cuando desperté no había nadie en la casa, incluso me había pasado de la hora.
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Me vestí inmediatamente y salí disparada a la cochera. Erick se había ido, sin mí, algo en mi interior se quebró al ver como actuaba.
Subí a mi coche y fui lo más rápido posible, pero el tráfico no ayudaba. Tenía muchas llamadas de Sam. Y cometí el grave error de revisar mis llamadas, que trajo como consecuencia un maldito choque.
–¡j***r! – grité cuando el impacto hizo que casi salga volando hacia la luna, sentí un fuerte zumbido en la cabeza, escuché gritos, pero no pude hacer nada, inmediatamente todo se tornó n***o y perdí el conocimiento.
Abrí los ojos lentamente y observé mi alrededor, ¿Qué hacía en un hospital? Intenté levantarme, pero alguien me retuvo y no fue cualquiera, no, fue Erick.
–No, mantente recostada, es lo mejor– dijo ayudando a que me quedé quieta en la cama, fruncí el ceño, ¿ahora se portaba bien?
–¿Qué paso? – pregunté aun confundida.
–Chocaste, pero no te preocupes, ambos están bien, por suerte no fue tan fuerte ya que el conductor del otro coche freno, pero no a tiempo.
–¿Pondrán cargos a mi nombre?
–Tu padre se encargará de eso, y dudo mucho que lo hagan– me lleve una mano a la frente, la cabeza me dolía horrores.
–¿Cómo van los arreglos en Boston? – pregunté mirando el techo.
–Supongo que bien, el que está al tanto es Sam– asentí lentamente, él se quedó en silencio por unos minutos hasta que decidió hablar.
–¿En serio no te planteaste la idea de irte? Podemos mandar a otra persona o incluso ir yo– solté un suspiro, aquí vamos de nuevo.
–Erick, ya lo hemos hablado, seré yo quien estará en Boston– lo observé esperando que responda, pero no lo hizo. En ese momento entró el médico.
–Señorita Duncan, ¿se encuentra mejor?
–Eso debería saberlo usted– respondí.
–¿Algún dolor? – preguntó acercándose y observando mi rostro.
–Solo dolor de cabeza– respondí–, ¿me podré ir hoy?
El medico asintió.
–Sí, digamos que tiene unos pequeños moretones, pero no es nada grave, en una hora le daremos de alta– sonreí, al menos voy a estar presente en la inauguración.
–Diré a Sam que venga a recogerte– dijo Erick cuando el medico se retiró.
–¿Qué? – pregunté confundida.
–Lo que escuchaste, Sam te recogerá, y sabes, no creo que sea buena idea que te vayas. Eres mía, y tu lugar es aquí, conmigo.
Quise responder, pero ya se había ido, sin poder controlarlo unas pequeñas lagrimas rodaron por mi mejilla y las limpie inmediatamente.
Después de una hora mi guapo asistente apareció en mi habitación.
–Señorita Gabriela, ¿se encuentra mejor?
–Ni puta idea, Sam– respondí poniéndome de pie y caminando hacia la puerta.
–La llevaré a casa– anunció.
–Nos vamos a Boston, Sam. No pienso seguir aquí, no se lo digas a nadie, mucho menos a tu hermana. Nuestro vuelo sale en tres horas, te veo en el aeropuerto. Ahora llévame a casa– dije.
Sam, me miró sin entender nada, pero no me rebatió. Me llevó a casa y lo primero que hice nada más bajar del coche fue empacar. Algo en mí se había destrozado ante las palabras de Erick, y lo único que quería era estar lejos de él. Saqué mis maletas, a la vez que llamaba a la chica quien estaba encargada de buscar apartamento, y para alegría mía ya había uno.
Una hora después me encontraba fuera de casa esperando taxi. Ni siquiera avise a mi padre de lo que estaba haciendo, y no me importa si me necesitan aquí, todo lo haría desde Boston.
Bajé del taxi y caminé a esperar mi vuelo y a la vez a Sam. Compré un jugo y me senté a esperar.
–Dígame que recién ha llegado y no lleva esperando mucho– dijo una voz a mi espalda, me giré y era mi asistente.
–Ven, siéntate, dentro de nada sale nuestro vuelo.
–Será complicado que mi hermana no sepa la verdad, mis padres se lo dirán– dijo sonriente.
–Para cuando lo sepan ya estaremos a cuatro horas de aquí– respondí. Nos mantuvimos esperando hasta que la voz que anunciaba los vuelos nos hizo caminar a nuestra zona de embarque.
Nos esperaba apenas cincuenta y tres minutos, me recosté cómodamente y cerré mis ojos. Solo quería llegar y recostarme en una puta cama. Ya mañana sería la inauguración y por fin conocería a Markus.
Markus, ¿qué es lo que ese tipo tiene que me hace tener un poco de miedo en el fondo de mi ser?