GABRIELA –Markus, no es necesario, estaremos bien aquí– volví a repetir mientras terminaba de poner los platos en el lavabo. Desde su lugar frunció el ceño y volvió a negar con la cabeza. Se levantó y me quitó los platos de las manos. –No pienso discutirlo, Gabriela– respondió mientras se ponía a lavar. Sonreí para mis adentros al verlo tan hacendoso. Me subí a la encimera y lo observé en silencio. Aun llevaba puesto los pantalones, pero la camisa hace horas había desaparecido. Así que ahora estaba observando uno de los tatuajes que tenía en su espalda. –¿Te gusta lo que miras? – preguntó de repente. Solté una risita y asentí, aunque caí en la cuenta que él no me veía, así que le respondí. –Digamos que sí. Lo que no me gusta es lo que tramas por hacer– volví al tema por el cual e

