GABRIELA No entendía qué es era aquello que tenía a Markus tan desconcentrado, hace unas horas habíamos llegado a la oficina y durante todo el trayecto solo me preguntó si estoy bien o si no he visto nada inusual. Cosa que obviamente negué. Además, mis visitas a New York cada vez eran más seguidas, supuestamente hoy iría a ver a Erick, pero estar cerca de Markus era más importante y emocionante. Así que, ahora solo terminaba de revisar que las invitaciones hayan llegado a todos nuestros amigos. Hace unos minutos acababa de terminar un informe y más me valía entregárselo a Markus, pero cuando quise llamar a su puerta, me detuve, ya que escuché que conversaba con alguien, y cómo toda mujer, pegué la oreja a la puerta para escuchar. –Nada, joven Markus, he continuado averiguando, pero

