GABRIELA Abrí lentamente la tarjeta con dedos temblorosos, hoy tenía un mensaje distinto. A pocos meses de verse, un beso…, azul Azul, ¿por qué usaban ese apelativo? ¿quién cojones era? ¿de verse? Pero ¿con quién? Negué con la cabeza y corrí a esconderlo en un jarrón que había en el salón. Ahí también estaban las demás tarjetas. –¿Gabi? – preguntó Gema. Me giré y le sonreí. –Tengo que ir a New York– le anuncié. Y ella frunció el ceño. –¿Para qué? –Tengo que hacer algunos recados– asintió, pero al segundo volvió hablar. –¿Se lo dijiste? – preguntó a la vez que se sentaba en el sofá cruzada de piernas, negué con la cabeza. –¡Venga ya, Gabi! Tienes que decirle lo que pasa, ¡es tu alma gemela!¡ y el padre de tu criatura! Puse los ojos en blanco y me dejé caer en el mismo sofá.

