Actualidad: Cayden mordió su labio inferior mientras apretada su mano izquierda, la marca no dejaba de arder. —¿Por qué en todo este tiempo no me dijeron la verdad? —preguntó a Saymon. —No podíamos —respondió su amigo. —¿Cuándo llegará Eliot? —insistió Cayden. Se encontraban en una sala grande, había cuadros colgados en la pared de color durazno, los muebles eran grises, grandes, y había una estantería llena de libros en una equina. Cayden se sentía muy ansioso, tenía un nudo en la garganta y no veía la hora en que Eliot apareciera por aquella puerta con su típica sonrisa retorcida y orgullosa que llevaba a todas partes. —Espera, no demora en llegar —informó Saymon. —¿Por qué no me dijeron la verdad? —volvió a preguntar Cayden. —Ya te dije, no podíamos. —Pero, ¿por qué?

