Zen dejó salir una muy ligera sonrisa e hizo que Lenin soltara su agarre. —Deja de amenazarme con patrañas —soltó mientras llevaba su mirada al bosque. Lenin entreabrió sus labios. ¿Realmente era muy mala para intimidar? —No, no eres mala —confesó Zen—. Es sólo que ese tipo de amenazas no funcionan en mí, mi r**a difícilmente se une, Lenin. La población que lo hace es muy minúscula, por lo general, nuestras uniones mueren antes del día del despertar de la cadena, así que, desde pequeños congelan nuestras uniones para que no corramos peligro. Lenin alzó su mirada al cielo que poco a poco tomaba su color original, ya era casi invisible el tono violeta que tanto asustó a los humanos. —¿Sabías que en el planeta se están dando muchísimos avistamientos de naves extraterrestres? —pre

