Ariel Al despertar fui a hacer mi rutina de ejercicio, volví a la habitación a ducharme, cuando terminé me coloqué un bóxer y fui hasta la cama a despertar mi gatito dormilón. —Mi gatito... Mi gatito, tienes que despertar— dije en su oído despacito. Después de muchos reclamos abrió los ojos y al verme sonrió felizmente, alzó sus brazos a la altura de mi cuello para abrazarme al final termine con el encima de mi como si fuera un koala. —Mi gatito, debo ir a vestirme y tu a bañarte— dije golpeteando su trasero suavemente. —No quiero, un ratito más, por favor— dijo rogando. —Solo un ratito— digo besando su cuello. Luego de unos cuantos besos, el fue al baño yo al clóset a vestirme para ir al trabajo. —¡Ariel! ¡ven en este instante!— corrí hacia el baño al entrar el estaba desesperado

