Michell la estaba pasando fatal esa mañana, su estómago estaba revuelto y devolvía todo lo que consumía. Ella seguía triste, tenía el pensamiento constante de huir, Amelia le había dicho que perdonara a Lucca, pero ella se resistía a hacerlo. Tocaron la puerta del departamento y Amelia abrió, no pudo disimular el gesto de sorpresa al ver de quien se trataba, era Vitto. —Sr. Por favor pase — dijo Amelia con educación. —Gracias niña — el entró y se dirigió al pequeño salón. —¿Desea algo de tomar? — ofreció la joven. —No gracias. ¿Michell está aquí? —Amelia se tensó al pensar que tal vez Bruno abrió la boca sobre el embarazo. —Si, está en la habitación. — respondió —Serias tan amable de llamarla, necesito hablar con ambas. Amelia asintió, estaba muy nerviosa ¿Qué quería ese señor con

