Amelia tenía varios días sin ver a Bruno, él le había dicho que estaría ocupado. Solían verse todos los dias, salían de fiesta y se divertían mucho juntos. Ella se dedicaba a estudiar el idioma, si quería tener buenas oportunidades, era importante poder comunicarse correctamente. Hablaba frecuente con Michell por teléfono, ella aún se sentía un poco deprimida en su vieja casa, pero estaba segura de que saldría adelante. Aquella noche tocaron la puerta principal del apartamento, no podía ser otro que Bruno, entró con cara de preocupación. —Amelia tienes que ayudarme — le dijo Bruno tirandose al sofa. —¿Que ocurre Bruno? Vienes con cara de tragedia. —Mi padre quiere casarme, organizó una cena con un importante socio y estoy seguro de que piensa comprometer a mi hermano o a mí con la hija

