CAPÍTULO 11

985 Palabras
REPUDIADO Se estaba acercando al lugar donde el olor a putrefacción era más fuerte, ahora tenía que tener más cuidado. Sorac, repudiado del Clan Rojo, olfateó el aire en busca del rastro de algún depredador que representara una amenaza para él, y que atraído por el olor a carroña, estuviera por esa zona. Una vez seguro de que nada lo atacaría para devorarlo, continuó abriéndose paso entre los arbusto hasta llegar al origen del solitario cuerpo en descomposición. Sorac, examinó el cadáver, o lo qué quedaba de él, desde cierta distancia, aún sin atreverse a acercarse. A simple vista, por la calavera del cráneo y sus grandes colmillos, parecía ser el cuerpo de un carnívoro que había sido muy grande cuando estaba vivo. Esta vez, parecía que no había tenido suerte, no había llegado a tiempo para poder coger del cadáver ningún trozo comestible. Desde que le llegó el olor a putrefacción, supo que el cuerpo no estaría en muy buen estado, pero aún así mantuvo la esperanza de encontrar algo que llevarse a la boca. Ahora, desde su posición, tan solo podía observar huesos y algún que otro trozo de la peluda piel negra que había sido el color del pelaje de la fiera. Precavido, volvió a olfatear su entorno antes de acercarse más al cuerpo. Esta vez captó un olor diferente y extraño, pero a la vez muy similar a otros que ya había olido, pero no en ninguna presa que el hubiera devorado con anterioridad. Este olor se parecía mucho al de la sangre de cualquier Loberiano del planeta, pero había algo diferente y atrayente en él que lo hacía único. Una vez asegurado de que seguían sin oler ninguna amenaza, se acercó al cuerpo, lugar donde procedía también el otro extraño olor. Su mirada se detuvo sobre una mancha negra rojiza en la tierra, del tamaño de su puño, muy cerca de la mandíbula del animal. Sorac se agachó junto a ella y con una afilada garra, extrajo una pequeña cantidad de tierra que acercó a su nariz para olfatearla. Como ya sabía de antemano, había encontrado el origen del extraño olor. Aún oliendo la tierra, se levantó y observó el suelo en busca de más información sobre lo que allí había ocurrido y sobre el ser herido del que provenía esa sangre. Muchos animales diferentes habían pasado por allí y sus pisadas estaban por todo el lugar, muchas sobrepuestas encima de otras, dificultándole la lectura de lo que allí había ocurrido. Despacio, fue alejándose del cuerpo y la mancha, sin apartar los ojos de la tierra, hasta que éstos dieron con algo importante. Se agachó junto a lo que parecía ser la huella de un cuerpo grande que había estado allí tirado. Unas manchas mucho más pequeñas que la anterior, pero de igual color, manchaba en una zona, la tierra. No le hizo falta tocarla para saber que era sangre común de un Lobre, a juzgar por el olor que le llegaba y por el gran tamaño de la huella en el suelo. —Aquí ha estado herido un Lobre adulto— meditó. Sus ojos toparon con dos extrañas, alargadas y pequeñas huella, cerca de la más grande, que nunca había visto antes. Sorac se levantó sorprendido y miró alrededor de estas buscando más, hasta que encontró un rastro de ellas que lo conducían hasta el bosque. —Algo, no muy grande y con unas extrañas piernas, a salido de ese bosque y ha atacado a un Lobre derribándola al suelo— se dijo, sintiéndose inquieto, sin apartar su vista del lugar por donde las huellas aparecían. Más manchas negras rojizas llamaron su atención en la tierra, justo en la misma dirección que estaba mirando. Curioso e inquieto, se acercó a la mancha más próxima a él, cerca de unos arbusto, y se agachó junta a ella, llegando hasta él el débil olor de la sangre extraña. Se levantó observando las otras en el suelo desde su posición y supo que la extraña criatura, portadora de esa sangre, se había marchado por el mismo lugar que las extrañas huellas. “¿Podía ser que ambas cosas estuvieran relacionas entre sí? Una extraña criatura había llegado al lugar, derribado a un Lobre y había sido atacada por un enorme carnívoro de grandes colmillos, al que había matado pero quedando gravemente herida en la lucha.” —Según sus huella, debe de ser una criatura pequeña en comparación con sus adversarios, ¿cómo ha podido vencerlos y salir vivo de ello? —observó inquieto. Como él lo veía, tenía dos opciones en ese momento, la primera, seguir el rastro de las huellas y sangre hasta dar con el ser y averiguar como era, o la segunda, irse por la dirección contraria y alejarse lo más posible de él. Después de unos minutos de pensarlo, optó por la primera opción, la curiosidad que sentía por ver al extraño ser era superior a su inquietud. Ya caía la noche cuando el rastro y olor le llevó hasta el campamento. Se había asegurado siempre de ir contra el viento, para que este no llevara su aroma y lo delatara a cualquiera que estuviera en la dirección que él llevaba. Con cuidado, se agachó entre los arbusto, a unos veinte metros de las tiendas, con la nariz llena de extraños olores. Podía reconocer el de otros Lobres, unos ochos en total, pero también estaba el de otras criaturas que no conocía, una que desprendía un aroma más dulce e excitante. No podía determinar el número exacto de ellas, sus olores se mezclaban hasta el punto de no reconocer que aroma era único y perteneciente a un solo ser. Sorac observó nervioso el lugar, sabiendo que no podía marcharse hasta averiguar todo por lo que había ido hasta allí, ahora tenía que añadir una cosa más, ¿qué ser desprendía ese olor tan bueno para sus sentidos?
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