Aquella tarde de invierno, algunas semanas después, estaba sentado frente al escritorio de su oficina, contemplando el anillo dentro de la caja de terciopelo; meditando el siguiente paso a dar. Amaia era una excelente compañera de vida, ya habían pasado varios años juntos y su relación, aunque había sido principalmente de amistad, era estable, constante y desinteresada. Eran compatibles en demasiadas cosas, y el haber vivido juntos, lo hacía augurar un futuro muy similar a todos los años transcurridos. -¿Vamos a ir a comer? -Amaia se asomó por la puerta de su oficina, lo que lo hizo cerrar la caja rápidamente y guardarla de nuevo en su pantalón. -Sí, vamos -Se puso de pie, para caminar hacia el perchero y tomar su saco. Amaia lo notó un tanto extraño, casi podía decir que nervioso; sin

