Durante los siguientes meses, el único cambio que notó en su vida diaria, fue el sexo y las muestras de cariño. Sintió las manos deslizándose por sus muslos –Daniel, vas a hacer que se me queme el jamón –La frase, que debió haber sido con tono de advertencia, fue prácticamente entre jadeos. -No es mi culpa que te veas jodidamente provocativa con mi camisa –Le habló en el oído, mientras sus manos subían y bajaban sobre la piel desnuda. Amaia cerró los ojos, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba. -No es mi culpa que hayamos amanecido en tú habitación –Quiso contraatacar ofendida, pero de nuevo no le salió. -¡Así que eso necesito para que uses mi ropa! –Dijo el castaño con tono divertido. Removió el cabello, para trazar un camino de besos sobre el cuello de la rubia, que ladeó su rostro pa

