La noche anterior, antes de que Anna llamara a Reinaldo… La suite del lujoso hotel en Alicante se había convertido en un improvisado cuartel general para Anna. La brisa marina se colaba por la ventana entreabierta, trayendo consigo el aroma salado del Mediterráneo y el murmullo lejano de las olas. Sin embargo, la tensión en el ambiente era evidente, contrastando con la serenidad de la noche española. Anna, con el ceño fruncido y el teléfono último modelo pegado a su oreja, escuchaba atentamente a una de sus trabajadoras de Anna DC. Su voz, que solía ser un bálsamo de serenidad en medio del caos, ahora tenía un tono de preocupación apenas disimulado. —¿Entonces, es verdad que la marca Elyseé va a abrir una sucursal aquí en España? —preguntó Anna, alzando una de sus cejas perfectamente de

