En aquel instante, mientras los invitados de la boda se movían con gracia entre las pequeñas mesas, el aire estaba cargado de emoción, pues los novios Spencer y David se estaban alistando para hacer una presentación para sus invitados. Sin embargo, en medio de este ambiente festivo, Charlotte, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, se preparaba para ejecutar su plan meticulosamente elaborado. Entonces, con la precisión de un relojero y la astucia de un zorro, Charlotte extendió su pie con aparente inocencia justo cuando un joven camarero pasaba junto a ellos. El tiempo pareció ralentizarse, como si el universo contuviera la respiración ante lo que estaba a punto de suceder. La bandeja en las manos del camarero se inclinó peligrosamente, y las copas de cristal fino tintinearon e

