EVA
Miércoles, 23:04 p.m.
Tomé una ducha caliente y me vestí después. Opté por usar solo una tanga negra, sin sujetador, ya que era hora de dormir y no era necesario. Me puse una camiseta de Matías, que era tan grande que me quedaba como un camisón.
Estaba a punto de irme a la cama, pero quería volver a hablar con Matías. Desde el día en que se fue a Italia, hablábamos por mensajes y llamadas dos veces al día, por la mañana y por la noche.
No era por inseguridad o pensando que podría estar con otra persona; simplemente me gustaba escuchar su voz y asegurarme de que estaba bien.
Me acosté boca abajo en la cama, tomé mi laptop y le hice una videollamada.
Le llevó unos minutos responder, pero finalmente lo hizo.
Matías: — ¡Hey!
— Hola, cariño. ¿Cómo fue tu día?
Matías: — Aburrido. Tuve dos reuniones — respondió, colocando su laptop sobre la cama para comenzar a quitarse la corbata y el saco frente a la cámara, probablemente recién llegado de la reunión.
— ¿Y el tuyo? — preguntó después de arrojar las prendas a algún lugar de la habitación.
— Bastante bien, pero te extraño
— respondí, y él sonrió de lado.
Matías: — ¿Estás desnuda?
— No, tengo una camiseta puesta
Matías: — Lo mencionaba porque veo tus pies detrás y noto que no llevas pantalones ni nada por el estilo
Tomó una silla y se sentó en ella, siempre asegurándose de estar frente a la cámara.
— Bueno, llevo algo debajo de la camiseta. ¿Te gustaría adivinar qué es?
Si adivinas, te lo mostraré, pero solo tienes tres oportunidades — dije con una voz provocativa.
Matías: — Desearía que no tuvieras nada debajo, pero ¿llevas un sujetador y unas bragas?
— ¡Uy! Eres malo adivinando.
Te daré una pista: solo llevo una de las dos cosas que mencionaste
Matías: — En ese caso, sé que en las noches prefieres dormir sin la de arriba, así que sé cuál llevas ahora — dijo viendo a la cámara fijamente y aun estando lejos hacía que me excitara sin tocarme, solo con sus profundas miradas.
— Ve a la habitación, sabes cuál, y en los cajones encontrarás una variedad de juguetes. Elige el que más te atraiga o, si reconoces alguno, el que más te guste. Luego, regresa y te diré qué hacer
— explicó, y eso encendió mi deseo aún más.
— ¿Tendremos sexo virtual?
Matías: — ¿Nunca lo has hecho?
— No
Matías: — Pues ahora lo harás.
Ve a traer lo que te he dicho
Eso sonaba muy intrigante, y mientras él sonreía, me mordí el labio inferior. Decidí ir al cuarto de juegos, y allí encontré una variedad de juguetes.
No sabía cuál elegir, ya que nunca había usado ninguno. Finalmente, me decidí por uno de color rosa pálido, con una forma alargada y dos pequeñas antenas.
Cuando regresé a la habitación, me tumbé en la cama boca abajo.
— Listo
Matías: — ¿Cuál trajiste?
— Este, porque me parecieron graciosas las pequeñas antenitas — dije sonriendo, y él también sonrió.
Matías: — Se convertirá en uno de tus favoritos cuando lo pruebes.
Déjalo encendido
— ¿Y para qué son esas antenitas?
Matías: — Ya lo verás. De momento déjalo de lado, quítate todo y quédate desnuda — pidió y me quité la ropa.
— Estoy un poco nerviosa
Matías: — Tranquila, solo yo te estoy viendo
— ¿Y si algún hacker pervertido también me está viendo? — pregunté y él rio.
Matías: — Mi ordenador tiene bastante seguridad y no, esto no pasará.
Además, el tuyo también lo tiene
— ¿Por eso la semana pasada vino un informático a ver mi Laptop?
Matías: — Sí, y ahora, concéntrate — dijo y sonreí.
— Pon tu Laptop encima de alguna silla o algo para verte bien y te acuestas en la cama boca arriba
Eso hice, puse mi ordenador sobre una silla y ajusté la cámara, quedando grabando frente a mí.
A continuación, una música suave y sensual empezó a sonar por unos altavoces y las luces se volvieron color rojo en la habitación.
— No sabía que la habitación tuviera esto. ¿Lo hiciste tú?
Matías: — La tecnología está muy avanzada. Es para ambientar el lugar.
A partir de ahora, harás solo lo que te pida, si te digo que te toques lo haces, pero si no lo pido no lo hagas
— indicó y asentí.
— Pon tu mano sobre el abdomen, sube acariciándote con las yemas hasta llegar a tus pechos
Hice lo que dijo y cuando llegué a mis pechos él volvió a hablar.
Matías: — Detente. Ahora tócalos y los estimulas.
Ahora toma el juguete y ponte esas dos orejetas sobre tu pezón
— ¡Ahh! — gemí al sentir que se movían y que lanzaban una pequeña vibración.
Matías: — Bien. Lleva una de tus manos lentamente, recorriendo tu abdomen otra vez y pasa la mano por tu coño, pero no metas tus dedos ni te toques el clítoris. Solo pasa tu mano, bajando y subiéndola continuamente por los labios
— Joder, quiero meterme los dedos
— dije después de unos cuantos minutos haciendo lo que me decía.
Ya empezaba a sentir que me humedecía y eso que solo estaba tocando las partes de mi cuerpo que pedía y no metía nada en mi intimidad.
Matías: — Aún no, espera un poco.
— Baja y tócate — dijo y lancé un gemido agudo al sentir mi clítoris palpitar.
— Joder, hasta yo me excité con verte
— mencionó, le miré y él se desabotonó pantalón.
— Sigue tocándote, no pares
Él comenzó a bajar y a subir su mano por todo su m*****o.
Hasta a través de la pantalla se veía que estaba durísimo y eso solo me calentó más.
Matías: — Coge el juguete y ponlo justo en la entrada, metiéndolo no tan profundo, solo la punta y sácalo al instante
Estaba disfrutando cada instante. Con la voz grave y provocativa de Matías que llegaba a mis oídos a través de mis audífonos inalámbricos, tenía la sensación de que susurra directamente en mi oído, como si estuviera a mi lado. Además, la música y el ambiente contribuían a hacer de este momento una experiencia intensa.
Matías: — Métetelo. Así…
— Quisiera que este fueras tú
Matías: — Imagínatelo. Piensa que es mi polla y que te estoy penetrando.
Imagina que te estoy follando como a ti más te gusta — dijo y cerré los ojos, dejándome llevar por las vibraciones y las metidas y sacadas que hacía con el juguete.
— ¿Te gusta? — preguntó con la voz más grave y un poco agitada.
— Cambia de intensidad en los dos botones que tiene — mencionó y las vibraciones fueron más rápidas cuando apreté uno de los botones.
— Hm...
Matías: — Así… No pares.
Mételo más profundo — dijo con la voz entrecortada y más agitada con el paso de los minutos.
Los dos gemimos fuertemente al mismo tiempo y eso solo significaba una cosa, por lo que cuando los espasmos me recorrieron completa, tiré mi cuerpo hacia atrás, cayendo de espaldas sobre el colchón y esperando a que mi pulso se estabilizara otra vez.
Matías: — Me gusta ver tu coño mojado — dijo después de unos minutos y miré a la cámara.
Él tenía la cabeza tirada hacia atrás sobre el respaldo de la silla y su pene aún erecto.
— Ojalá pudieras probarlo
Matías: — Cuando vuelva no sabes cuánto lo disfrutaré — dijo y los dos sonreímos.
Los dos nos entendíamos en el sexo y podíamos hacer bromas al otro sin insultar o menospreciarnos y eso me gustaba, porque no siempre se tenía la fortuna de encontrar a alguien así de loco y caliente con el que compaginar. Así como lo éramos Matías y yo.
— Con esta noche tan gratificante me iré a dormir
Matías: — Igual yo. Buenas noches
— Buenas noches y gracias por este orgasmo
Matías: — Y eso que solo fue uno.
Cuando vuelva serán más
Sonreí. Le mandé un beso al aire y él sonrió.
— Espero que descanses bien
Matías: — Y tú. Mañana hablamos
Colgué la llamada y dejé mi Laptop sobre la cama.
Miré hacia el techo, sentí que mi intimidad todavía seguía en llamas, palpitando y con ganas de darle otro orgasmo, por lo que volví a encender el juguete con el objetivo de darme placer a mí misma.
Sinceramente, pasaron muchos años, incluso antes de mi matrimonio con Pablo, sin que me tocara a mí misma. Nuestra relación era tan desastrosa que no podía ni siquiera centrarme en mi propio bienestar.
Había perdido las ganas de quererme a mí misma, incluso aunque debería haber sido mi principal prioridad. Pero estar con un hombre como él se convirtió en una verdadera calamidad y me resultó imposible encontrar la motivación para hacerlo.