Capítulo 26: Te amo

1751 Palabras
MATÍAS Llegué a la mansión con la urgencia de comprobar el bienestar de Eva. Quería ver con mis propios ojos que Eva estuviera bien y mientras no la viera, no estaría tranquilo. Gutiérrez: — La señorita está en la sala Me dirigí de inmediato a esa dirección y allí encontré a Eva, con manos temblorosas, sosteniendo un vaso de agua. — Eva — susurré mientras me acercaba a ella. Eva: — Matías — dijo a punto de llorar y me acerqué a ella. La abracé con fuerza, luchando por contener las lágrimas, una emoción que nunca antes había experimentado por ninguna mujer. — No sabía dónde estabas, me dijeron que te… Sus palabras se quedaron en suspenso cuando nuestros labios se unieron en un beso apasionado que ella no rechazó. En ese beso, sentimos la adrenalina correr por nuestras venas, sin importar que sus lágrimas mojaran mis mejillas; mi único deseo era demostrarle cuán importante era para mí. — No quiero perderte, y no sé qué habría hecho si te hubiera perdido — confesé sinceramente, mientras nuestros brazos se entrelazaban y nuestros labios se unían nuevamente. Gutiérrez: — Señor — dijo, tosiendo discretamente para interrumpirnos. — Cuando tenga tiempo, debemos informarle sobre lo sucedido — Dame unos minutos — le respondí, sin apartar mi mirada de los ojos de Eva. Eva: — Estuve muy asustada — dijo sentándose en el sofá y yo también hice lo mismo. — Lo sé, y… Fue mi culpa, te puse en peligro — admití con un suspiro. Eva: — No fue tu culpa. No te culpes por eso, pero ¿se sabe quiénes fueron los responsables? — Cuando supe que te habían perseguido, no sabía qué hacer. No podía imaginar que te pasara algo — mencioné y una lágrima cayó de mis ojos. Eva: — ¿Estás llorando? — Perdón, es que… Estoy enamorado de ti. Te amo y no sé qué haría sin ti — admití, aun con un nudo en la garganta y con el pulso a mil. A Eva le temblaba el labio inferior y para tranquilizarla, le volví a besar. Eva: — Te amo. No sabes cuánto. Si te hubiera pasado algo, no me lo habría perdonado porque ayer discutimos y no quería despedirme de esa manera Lo siento mucho — dijo y le acaricié la mejilla. — Yo también lo siento. Te amo demasiado — dije antes de darle un beso en la frente y después, un abrazo. 20:11 p.m. Después de unas cuantas horas, y tras un encuentro emotivo con Eva, estaba reunido con mis hombres. Teníamos que charlar sobre lo que había pasado. — Eva, quédate conmigo — le pedí, tomándola de la mano mientras nos sentábamos en las sillas del comedor. Martínez: —— Bien, esto es lo único que pudimos recuperar del vehículo, además de información sobre los individuos que Bordes ha estado buscando — dijo y me entregó una carpeta negra con varias fotos. López: — Al parecer, se trata de un grupo terrorista compuesto principalmente por rusos, quienes llevan más de seis años siendo ilegales en nuestro país. Hasta el momento, no hemos logrado atraparlos debido a su gran número y su hábito de abandonar el país después de cumplir sus objetivos Mientras hablaba, abrí la carpeta y descubrí varias fotos de Eva y yo, tomadas de forma anónima. López: — Se dedican a matar por encargo, al contrabando y… Se quedó a medias, le miré y él lanzó una rápida mirada a Eva, quizás para avisar de que lo que estaba a punto de decir le causara malestar. — ¿A qué? — pregunté y él lanzó un suspiro. López: — Al tráfico de mujeres. Las venden y las prostituyen — respondió y dirigí mi mirada hacia Eva, quien bajó la suya al suelo. En un gesto de consuelo, la abracé por el costado, acercándola a mi cuerpo. — ¿Qué es esto? — pregunté para cambiar de tema y saqué un pequeño bote con una sustancia roja de la misma carpeta en la que estaban las fotos. López: — Realizamos una prueba, y resulta que es tu sangre, pero la pregunta es: ¿para qué? — dijo mientras observaba mi dedo índice, donde había un pequeño punto rojo de una reciente extracción de sangre, dejando una marca de sangre seca. Seguramente, esa extracción debió haber ocurrido en algún momento, quizás cuando estaba inconsciente. — Está claro que está acorralada. Sabe perfectamente que no soy el padre y que falta poco para hacer la prueba de paternidad, cuyo resultado será negativo. Con mi sangre, podría fabricar una prueba falsa, pero no entiendo por qué esto es tan importante. Quiere conseguir algo más de mí, pero no sé qué es — expliqué, y él asintió. López: — Está bien, entonces. Será mejor seguir tras ella y hacer que confiese todo — Déjamelo a mí López: — Muy bien, eso es todo. Nos marcharemos ahora y mantendremos vigilancia en el lugar. Peña y Martínez se encargarán del ruso que encontramos y lo llevarán a la comisaría. Observó a todos y se levantó junto con los demás miembros del equipo de seguridad. — Tus hombres y tú han sido de gran ayuda. Gracias López: — Estamos para servirle — dijo estrechándome la mano. — Martínez, ven — pedí, y él se acercó mientras los demás salieron de la mansión. Martínez: — ¿Señor? — Sé que García recibió un balazo en el brazo y está en el hospital Martínez: — Sí, señor — Ve al hospital y reúnete con él Martínez: — Pero señor, tenemos que brindarle seguridad a usted Tengo a López conmigo. Anda, ve. Sé que García y tú sois buenos amigos, así que le hará ilusión verte — dije y sus ojos se iluminaron. Martínez: — Gracias, señor — dijo y salió velozmente por la puerta. EVA Después de que solo Matías y yo quedáramos en la sala, fuimos a una de las diez habitaciones que tenía esa mansión. Era lujosa, llena de objetos caros y exclusivos, pero en ese momento, lo importante no era todo eso; más bien era el hecho de saber que los dos estábamos bien. — ¿Te duchas conmigo? — pregunté al entrar en una habitación que era tan grande que parecía un departamento completo. Matías: — Vamos — respondió y nos metimos en la ducha. El agua comenzó a empapar nuestros cuerpos, lo que me ayudó a olvidar, aunque sea por un segundo, lo que había sucedido recientemente. — ¿Crees que ella fue la culpable? Matías: — No lo dudo — respondió cuando salíamos de la ducha, secándonos y listos para dormir. — Mañana la buscaré — Por cierto, no sé si este dato sirva de algo, pero una vez la vi en tu oficina. Fue el día en el que yo llegué también y en el que me encontraste leyendo los documentos de la herencia que te dejó tu abuelo. No estoy segura, pero recuerdo haber visto que ella llevaba unos documentos en su mano que intentó oculta Matías: — ¿Será posible? — Puede ser. Además, recuerdo que la impresora que está al lado de la ventana tenía una luz roja, y por lo que sé, si la tiene encendida es porque la acaban de usar Matías: — Sí — Pues… ¿Crees que hizo todo esto para aprovecharse de tu herencia? Matías: — Viniendo de ella, no lo dudaría. Si se enteró de la herencia, tiene sentido que haya querido hacer una prueba falsa de paternidad para obligarme a estar con ella. ¿Por qué no me lo habías dicho? — Porque no pensé que ella fuera capaz de sacar una copia de los documentos de la herencia, pero ya me di cuenta de que ella es capaz de todo Matías: — Desde el principio lo fue, y yo fui idiota por no darme cuenta. La tengo que buscar — ¿Por qué no dejas que la policía se encargue? Matías: — Quiero hacerlo yo personalmente — respondió y asentí. Así pues, nos metimos debajo de las sábanas. Había sido un día muy estresante y lleno de pánico que nos dejó totalmente exhaustos. — Te amo — dije. Después de apagar la luz, le abracé y él me dio un beso en la frente. Matías: — Yo más — mencionó y me apretó a él. — Muchas veces me he preguntado qué he hecho para merecer a un hombre como tú — mencioné mientras le acariciaba el pecho. Matías: — Tú eres mejor que yo en todos los sentidos, así que eso tendría que decirlo yo — dijo y sonreí. — Desde que te conocí me cambiaste. No soy el mismo de antes. — ¿Y eso es bueno o malo? Matías: — Bueno, diría yo — Me gustas así. Yo no te he cambiado, solo has evolucionado y has sacado a luz esos sentimientos y formas de ser que tenías escondidas, pero que no las conocías Matías: — Solo faltaba que la mujer indicada llegara y me hiciera darme cuenta de ello. — No sé, eso, tú lo tienes que decir — dije mirándole a los ojos y él me dio un beso. Matías: — Creo que ese beso responde a la cuestión — mencionó y los dos sonreímos. — ¿Qué crees que ha cambiado en ti? Matías: — La forma en la que veo la vida, en que veo una relación… Ni siquiera creía que este estúpido sentimiento del amor existiera — Pero ese “estúpido sentimiento” ha hecho que ahora tu corazoncito, esté. Puse mi mano sobre su corazón, que latía con un ritmo ni muy acelerado ni muy calmado — Esté enamorado de este — dije poniendo su mano sobre el mío. — Los dos se enamoraron y míralos ahora, tan acompasados y felices — dije mientras nos veíamos a los ojos. Matías: — No sé qué haría sin ti. Te amo como a nadie en el mundo. — ¿Y qué pasará con los rusos esos? Matías: — No te preocupes. Ya está todo solucionado — ¿Y si nos vuelven a molestar? Matías: — No lo harán — ¿Y para qué nos estaban persiguiendo? —pregunté, y él lanzó un suspiro. Matías: — No te preocupes, ya pasó. A quien tenían que perseguir era a mí, pero al saber que tú estabas a mi lado se aprovecharon para hacerte daño a ti también, pero yo me encargaré de que eso no vuelva a suceder
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