Ya tenía yo, todo lo que había fantaseado, y que mejor manera de poder disfrutarlo; el escenario fue en la playa Santa Fe, estado sucre de Venezuela; justo al frente estaba un motel, no era nada lujoso, solo tenía el baño, una cama y una silla, no contaba con aire acondicionado, solo con un TV pequeño, pero al menos tenía porno. Y allí estaba yo, arrodillada, haciéndole sexo oral a un amigo que conocí ese día, sus manos acariciaban mi cabello y sutilmente llevaba el ritmo, mi pareja tomaba mis nalgas, y abriéndolas me hacía un sexo oral intenso y me llené de sensaciones nunca antes sentidas.
Por un lado, le hacía sexo oral a un joven que me acariciaba con delicadeza, por otro lado, disfrutaba recibiendo un sexo oral salvaje y exquisito de mi pareja, ¡era una sensación tan intensa !, que en esa posición y sin penetración tuve mi primer orgasmo, donde ambos se vinieron, fue tan grande mi placer, que parecía un punto de retorcerme;
a pesar de esto, mis ganas seguían y tenía que sacar provecho de esa situación al máximo, me dispuse a practicar una posición que soñaba con hacerlo, la había aprendido viendo películas pornográficas, y siempre cuando la actriz practicaba esa posición, yo me excitaba mucho de solo imaginarme estar en su lugar.
Tome un trago de cerveza, le pregunte a ambos que como la estaban pasando, ellos respondieron con una sonrisa, mientras aún estaban con una erección, que se me hacía muy exquisita. Les pedí se pararan frente a la cama mientras yo me senté al borde de ella, los tomé por sus p***s y los acerqué a mi, estaba totalmente ruborizada, pero dispuesta a devorarme esos dos miembros, comencé a masturbarlos suavemente, disfrutando de tenerlos justo frente a mi cara, comencé a meterme los dos en la boca; ambos escurrían ese líquido cristalino de placer, me encargué de beberlo todo, fue algo difícil asegurarme con mi boca, que ambos estuvieran disfrutando, aprendí a usar mis manos de forma diferente, mientras a uno le hacía el oral al otro lo masturbaba o acariciaba, fue algo difícil, era la primera vez que lo hacía y concentrarme fue el mayor reto.
En las películas porno, suele suceder que luego de esa posición, los hombres toman el control de la situación y comienza un kamasutra en la cama, donde la actriz se deja llevar y disfruta de una infinidad de orgasmos; pues en esa oportunidad no tuve esa suerte, mientras masturbaba al amigo, sentí como se puso más duro, y comenzó a disparar semen en mi cara, era mucho, que corría a mis senos y piernas, esto provocó que mi pareja inmediatamente también se viniera sobre mi, dejándome completamente bañada en su leche.
Para mí, era muy excitante la, situación allí estaba envuelta en semen, pidiendo una toalla y todos reíamos, pero hasta este punto no me he penetrado. Seguimos en la habitación, completamente desnudos, hablando de fantasías; yo de vez en cuando salía a la ventana, con la intensión de que me vieran desnuda inclinada ahi, yo quería más, yo quería penetración.
No pude esperar más, y me arrodillé frente a mi pareja a hacerle sexo oral, el amigo nos veía desde la orilla de la cama, fue cuestión de segundos, cuando ambos ya estaban nuevamente con una erección, en esta oportunidad, me acosté sobre el amigo y metiéndome todo su pene en mi v****a, mientras dejaba salir de mi el placer hachando chorros, mi pareja se quedó en la silla mirándome como montaba aquel hombre, como jugaba con su pene dentro de mi, con movimientos que el me había enseñado, todos puestos en práctica ahora con otro hombre.
Le hice señas, que viniera a la cama, el se montó atrás mío e intentó meterlo por atrás, poco a poco hasta que entró. Las dobles penetraciones en las películas se ven cómodas, excitantes tanto que la actriz disfruta al máximo y tiene orgasmos continuos, pues así era, el sentir esos dos p***s dentro de mi, desencadenó una seria de orgasmos, pero era tan intenso el momento, mis gritos de placer y el sonido que producimos, que sentí como nuestro amigo, se vino dentro de mi y al instante, mi pareja sentía como su semen escurría dentro de mi, con esas pulsaciones al eyacular. Ya no podía estar más satisfecha y feliz, aunque no hice todas las posiciones que me imagine hacer, disfrute de una cantidad de orgasmos que me dejaron exhausta, no tuve fuerza para darme un baño y me quedé dormida ahí. Al día siguiente mi pareja me despierta ya que era la hora de desocupar la habitación, nuestro amigo ya no estaba, no tuve la oportunidad de despedirme de el. Ya tenía 18 años y con muchas ganas de repetir momentos como esos.