Capítulo 28 Alondra Ferreyra Pérez Así nos deshicimos poco a poco de la ropa prenda por prenda en la oscura habitación, dónde sólo nos iluminaba la luz de la luna colándose por la ventana que daba a la calle. David siguió acariciándome con ternura, explorando cada rincón de mí cuerpo cubriéndome de besos, desde mis tobillos hasta mi cuello, mis labios, dónde se detuvo para escucharme jadear en su boca, mientras él entre beso y beso me susurraba que me amaba y yo le correspondía diciéndole que por igual yo lo amaba mucho a él. —Te amo, Alondra. —Y yo te amo a ti, David, mucho. Después de lo que parecía una eternidad, David se colocó un preservativo, me miró volviéndome loca al mirarlo así, tan atractivo, tan viril, tan dispuesto y tan guapo para mí. Obviamente antes de decidirse a hac

