Mi corazón dio un vuelco, levanté la mirada y vi a Roberto parado frente de mí, ¿Por qué esta aquí? Nadie sabía que estaba con Javier, era muy difícil que se diera cuenta que me fui, todo el mundo le estaba celebrando a él. De repente dejé de llorar, me sequé las lágrimas con el dorso de la mano y le dije aún con la voz algo desquebrajada. - ¿Qué haces aquí? Snif… todos deben estar esperando a que vuelvas… snif… eres el campeón de la carrera. – Roberto se agachó, acunó mi cara entre sus manos, con sus pulgares acarició mi cara, una de sus manos bajo hasta mi mentón y rozó con suavidad la herida de mi labio. - ¡mira lo qué te hizo ese hueón de mierda! – me miraba con dulzura, mi corazón se sentía como un tren a punto de descarrilarse. – ¡Le voy a ir a sacar la cresta a ese maricón! Mi co

