No es fácil evitar que el zángano de Roberto esté con las personas incorrectas, él no coopera mucho, se ha sentado por dos semana con la zorra de Victoria, el único respiro que he tenido es saber que uno de sus amigos esta dentro de las familias más importantes y acaudaladas del país, Eduardo Ponce, ahora solo debo convencer a su compañero de puesto para que se siente con esa cualquiera.
Después de tanto esfuerzo, caminé hasta el casino, quería una ensalada para almorzar, pero mis ojos no podían creer lo que veían, ¡Ahora se junta con la rota de la clase! ¿Este vulgar acaso es un imán de malas juntas? Me acerqué a él con una furia indomable, apenas podía controlar mis impulsos de querer golpearlo.
- ¡Aquí estás! Compañero desconsiderado, al parecer tu palabra vale menos que nada. – Roberto levanta una ceja y me mira con disgusto.
- Ahm, ¿tenían algún trabajo juntos o algo así? – Carmen, una Snob de última categoría, es millonaria porque su familia ganó un premio de azar.
- Sí, algo así, le prometí un libro, se llama “¿Cómo cerrar la boca?” de un tal Johnny Senada… – en ese momento Roberto se paró, me tomó de los hombros y antes de llevarme a otro lado, terminó de decirle a esta huasa. – es probable que no encuentres su libro, fue una auto publicación de un amigo de mi hermano.
- ¡Oh! Entiendo, ¿A dónde vas? ¿Te espero?
- Voy a pasarle el libro y vuelvo.
- Bien, ¿Me podrías prestar el libro después de que lo lea Andrea? – miré a Roberto y puso una cara de molestia.
- No lo necesitas, es un libro de autoayuda para gente que habla de más, tú eres muy discreta, voy y vuelvo.
La cara de Roberto se ve muy enojada ¡No debería estar así! ¡Soy yo la que está afectada por su falta de criterio! Este animal, me hizo caminar por un pasillo que iba directo a la sala de ciencias, en este momento no hay nadie, mi corazón empezó a latir rápido al recordar el sueño que tuve hace un par de semanas, ¿sola con Roberto en una sala? ¡No me pueden ver con él!
- ¿Qué tratas de hacer, bestia? ¿Quieres abusar de mí? – Roberto me miró con una expresión de sorpresa mientras levantó una ceja.
- Tsss, ¡ni sueñes! ¡Antes prefiero culearme a la vieja de tu nana que a ti! – ¡Por Dios! ¡Qué vergüenza! Su boca es un tarro de vulgaridades, siento que mi cara arde del bochorno.
Cuando entramos a la sala de ciencias, Roberto cerró la puerta con llave, los pensamientos sobre el sueño donde me besaba y me recorría con sus manos me causa sensaciones que no son conocidas para mí, siento un calor que emana desde mi pecho y se esparce por todo mi cuerpo, siento mis oídos latir, estoy muy confundida, Roberto se acerca mucho a mí y yo casi no puedo respirar.
- Bien – sus palabras salen de su boca con un fuerte suspiro. – ahora explícame ¿Por qué estas actuando como loca de nuevo?
- Yo… - trató de recomponerme, sacudo mi cabeza para volver a concentrarme y responder. - ¡Esto es tu culpa!
- ¿Mi culpa?
- ¡Eres tú quien se mete con gente poca cosa! ¡No podías solo involucrarte con la zorra del colegio! ¡sino que también con la mosquita muerta de Carmen! – Roberto me mira como si le estuviera diciendo puras tonterías, se agarra el puente de la nariz y dice:
- A ver si entiendo, quieres decir que, si la persona no está aprobada por ti, ¿yo no puedo hablar con ella? – Su rostro de molestia esta tan marcado que casi podría jurar que sus cejas se unen de lo fruncidas que están.
- ¡Oh! Si lo entiendes tan bien ¿Por qué no eres capaz de hacerlo? Lo único que quiero es que te alejes de esta gentuza y no nos delates, no quiero imaginar lo que pasará si se enteran de que vivimos juntos.
- ¿En serio? ¿Me estas culpando a mí?
- ¿Y a quien más? – de pronto este infeliz empezó a hablar con sarcasmo
-Psss… fíjate que no se me había ocurrido, tal vez, no sé, podrías ser tú.
- ¿Me vas a culpar a mí? – Este vagabundo ladea la cabeza y lanza una sonrisa pícara. – Ja, ja, esto es gracioso, yo no soy la que anda con indeseables.
- Mmm… sí, tienes razón, ¿pero te has dado cuenta de que, me sigues y cada vez que hago algo “que no es de tu gusto”, te me acercas y me gritas como si me conocieras? – sentí que mi cara se puso roja.
-Mmm… noooo, ¡Soy muy discreta! – Roberto torna los ojos y suspira.
- Sabes que, soy adulto, cumplí dieciocho el año pasado, ni tú ni nadie me va a decir con quién me debo juntar o no.
- ¿No me vas a hacer caso?
- No soy tu perro, princesita, yo hablo con quien se me pegué la regalada gana, ahora me voy a tratar de tragar lo último de mí comida. – Tenía una ira que no tardo en explotar.
-¡¡Eres un maldito indigente!! ¡¡Espero que te echen del colegio y vuelvas a la sucia calle que es tu lugar!! – Él no se giró a verme, abrió la puerta y me acordé de algo importante. -¡Oye, espera!
- ¿Qué quieres?
- ¿Dónde tienes ese libro?
- ¿Qué libro?
- Ese libro de que no hablé y de un tal John. – De pronto este imbécil se pone a reír a carcajadas. – ¿Qué te pasa?
- Ja, ja, ja, creí que habías entendido la indirecta, ¿Qué les enseñan en esta escuela? Pensé que eran más inteligentes, ja, ja, ja, me hiciste el día. – traté de recordar cómo se llamaba el libro, él dijo que se llamaba “¿Cómo cerrar la boca? de Johnny Senada” nunca había escuchado ese nombre John–ny–se–na… ¡Qué estúpida!
- ¡Qué idiota eres! ¡Te odio Roberto! ¡TE ODIO! - le grité desde el pasillo, ahora que lo pienso, puede que tenga un poquito de razón en que le grito un par de veces en el colegio, pero sé que no es siempre.
Salí de la sala de ciencias y me encontré con mi amado Javier, hoy luce más deslumbrante que nunca, me siento tan enamorada de él, parece todo un dios con los primeros botones de su camisa desabrochados, es como si me estuviera invitando a verlo.
- Hola, hermosa Andrea, ¿has estado haciendo travesuras en la sala de ciencias, pequeña? – me puse roja ante sus palabras.
- ¿A que te refieres? – Me tomó del mentón con algo de rudeza y me mira con desprecio.
- No es que me lo hayan contado, lo vi ¿Estabas pasando el rato con el puto de Anderson? – ¿Qué es lo que pasa? ¿Javier esta celoso?
- No, la verdad es que… - te odio Roberto, por ti debo mentirle al amor de mi vida. – Ese idiota de Roberto me tiene un libro y no me lo ha devuelto, mañana lo traerá.
- ¿Ah? ¿sí? ¿Y era necesario que estuvieran en la sala de ciencias a solas?
-Mmm… sí, me da vergüenza que me vean con él, no quiero que crean que le tengo simpatía, si no fuera porque la miss Müller me pidió que le ayudara con literatura, jamás lo hubiera hecho. – Javier dejó de apretar mi mentón y lo acarició con dulzura.
- Así qué, eres tan pura como un ángel ¿Verdad?
- Ji, ji, seré perfecta y pura para el hombre a quién amo. – me estaba acercando a él para besarlo.
- Comprendo, debo irme, tengo que hablar con unos amigos, nos vemos pequeña. - Me dejó con el beso en la boca, se fue como si hubiera hecho algo malo ¡Uy! ¡Esto es culpa de ese vago de Roberto! ¡Ahora Javier me rechaza!
Pasaron un par de días desde lo que pasó con Roberto, traté de respirar profundo y no pensar más en ese vagabundo, la clase de educación física es la primera del día y el frío en las mañanas ya se empieza a sentir. Como siempre, el profesor Enrique fue a buscar los implementos para la clase, colchonetas y otros tantos aparatos que usamos, mientras se organizaba estas cosas, yo estaba estirando en medio del gimnasio, debo volver a llamar la atención de Javier, no lo quiero perder ¡él es mi príncipe!
- Así que ¿Roberto quiere contigo o no? - ¿Qué? ¿Quién dijo eso?
- Bueno, ayer me acompañó hasta mi casa y me besó como un verdadero hombre. – estúpida Victoria, no pudo hacerlo con él
- ¡No te creo! ¿Qué no había un rumor de que le gustaban los hombres?
- Si le gustan los hombres, creo que conmigo se le está olvidando. – ¡No puede ser, este enfermo se acostó con esta fresca! Me acerqué a ella enloquecida, si ella se queda con Roberto será mi ruina.
- ¡Eres una prostituta! ¡No tienes moral!
- Perdón, ¿acaso alguien te pasó la batuta?
- A ti te gusta pervertir a los hombres y no tienes límites, eres capaz de acostarte con indigentes como Roberto, una mujer de verdad no se regala como tú lo haces.
- Ja, ja -la risa de Victoria es un chillido desagradable en mis oídos. - ¿Estás celosa?
- ¿Quieres hacerme reír? No son celos los que tengo, es asco, una persona como tú no merece estar en un colegio tan prestigioso como este, solo lo ensucias con tu promiscuidad.
- ¡Ay! La pura y santa Andrea, después de acosar por varios días a Roberto, ¿me vas a venir a decir que no lo deseas ni un poco? – De pronto me fijé de que había muchas personas rodeándonos y vi a Javier mirándome con desdén. – Dime, ¿No lo imaginas desnudo frente a ti?
- Cállate – No podía responder a eso, ya que lo primero que paso por mi mente cuando me dijo eso, fue la vez que Roberto estaba en la cocina sin polera.
- Dime, ¿no quieres que te bese y recorra tu cuerpo con su lengua?
- Cállate, Victoria. – de repente ella se acercó a mí y me dijo en voz baja, para que nadie escuchara.
- Dime ¿Cómo se siente hacerlo en la sala de ciencias? – Quedé en shock, ella me vio entrar, entonces, Javier no cree que yo sea virgen, por eso sus preguntas y sus celos. Me cegó el enojo.
- ¡¡Dije que te callaras!! ¡¡Zorra!! – la tomé por el pelo y la zamarree, estaba completamente descontrolada, ella trataba de rasguñarme, yo solo gritaba: - ¡No soy como tú! ¡Yo no me entregaré a cualquiera! ¡Estaré prefecta para él hombre que yo considero perfecto!
De pronto, esta bruja me empuja con gran fuerza, yo la suelto y me golpeo contra un cuerpo muy duro, creí que era una pared, pero esa cosa se derrumbó conmigo. Cuando miré en que caí vi unos ojos verdes profundos, mostraban algo que no podría explicar, es como si un bosque oscuro quisiera comerme, cuando logré salir de mi aturdimiento, vi de soslayo a varias personas viéndome, me pare rápidamente y grité asqueada.
- ¡Ay! ¡Qué asco! ¡Te toqué! ¡ni siquiera sé si te bañas! ¡quien sabes que bichos traes encima! ¡Uy! – Roberto me miró con disgusto y dijo sarcástico:
- No hay peores bichos que las princesitas huecas malcriadas de papá. - ¡Desgraciado!
- ¿Cómo te atreves? Eres… - Justo llegó el profesor y nos mandó a trotar para calentar, esto no ha terminado maldito vago, haré que sufras por esta humillación que recibí hoy por tu culpa.