Aceptar esa llamada fue un error, escucharlo mucho más. Las dudas se disipaban, la niebla se esfumaba, quedando al descubierto los verdaderos sentimientos. Le gustaba ese chico, le gustaba su editor. Cubrió su rostro con las manos, suprimiendo los sollozos porque solo necesitó escuchar la adusta voz para que todo terminase quebrándolo y, entre lágrimas, sonrió triste al pensar que, al final, todo tenía sentido, que al final sí le gustaba Dominic, que dentro de su alma nacieron sentimientos férreo hacia el chico rizado de ojos color verde musgo y sonrisa de niño. Lamentó ser él quien causaría que aquella sonrisa se transformase en una mueca de decepción, que aquellos fanales color verde musgo se tiñesen de dolor. Se lamentó ser el causante que haría que el chico que le gustaba se decepcio

