LUCA “¿Dmitri Volkov?” El guardia revisa su tableta, sus ojos yendo de mi cara a la identificación. Si nota alguna discrepancia entre la foto y el hombre que tiene delante —que ahora luce sienes grises y sutiles prótesis faciales que el mejor especialista de Julio tardó cuatro horas en colocar— no la muestra. Dejé que mis labios se curvaran en la sonrisa fría que había practicado durante horas frente al espejo hasta que se sintió como algo natural. "¿Hay algún problema?" El acento ruso se me escapa, perfeccionado durante una noche sin dormir escuchando grabaciones y repasando los sonidos de las vocales hasta que me dolió la garganta. —Para nada, señor. Bienvenido a La Rosa Dorada. El guardia se hace a un lado, revelando un amplio camino de entrada que conduce a una mansión que grita

