Punto de vista de Richard Toc toc. Un, dos, tercera vez y nada. Toc toc toc. Sigo aquí en la puerta del departamento de mi sobrino sin respuesta. “¡Vamos Stefan sé que estas ahí! tu madre me comentó que habló recién contigo. No puedes estar escondido de por vida, menos para tu familia” - le grito a través de la pesada puerta de seguridad aunque estoy seguro de que me debe haber oído. Puedo gritar todo lo que quiera, mi sobrino vive en un lujoso complejo y tiene el último piso sin vecinos a los lados. Me parece escuchar un par de pisadas y ahí está el sonido de la llave que me anuncia que no voy a quedarme en el pasillo como hace días. Cuando por fin se abre la puerta me recibe un Stefan de muy muy mal humor, que ni responde a mi saludo. Cuando camino resignado a una discusión, le come

