Y como todos los días, ese chico estaba allí. Namjoon era su nombre, como lo habías escuchado de uno de sus amigos una vez, siempre estaba escuchando música con un auricular puesto y el otro colgando. Sus gastadas converse rojas y su ancha camiseta blanca hacían que se viese aún más hermoso.
Se veía tan seguro de sí mismo ahí, apoyando su espalda en la señal de parada y con sus piernas cruzadas una delante de la otra.
A lo lejos divisaste el autobús y esperaste a que se acercara, pero como siempre, eras la última en subirte.
Namjoon subió antes que tú y como boba, te quedaste admirando su espalda como si fuera lo mejor del mundo.
- Es tan hermoso- murmuraste inconscientemente y rogaste para que él no te hubiese escuchado.
Pero como el mundo es injusto contigo, te escuchó. Giró su cabeza en tu dirección y te dio un guiño acompañado de una sonrisa, no tímida ni malvada, era algo así como de orgullo y arrogancia que no se podía ver mejor en él.
Quedaste en un mini trance, pues es la primera vez que te miraba y a parte de esa forma.
Y como anteriormente habíamos dicho, el mundo es tan injusto contigo, que al quedarte embobada por lo que había sucedido no subiste el bus y llegarías tarde a clases.