La mujer leyó la noticia en el teléfono móvil, mientras lo hacía, las manos comenzaron a temblarle, un sudor frío e incómodo le recorrió la espina dorsal, no pudo evitar el cúmulo de lágrimas agolpadas en sus ojos, intentó retenerlas, pues se negaba a llorar por ese hombre. No podía hacerlo, se decía. Él no significaba nada para ella; todo lo contrario había sido la peor desdicha, verlo le producía una desagradable sensación, le recordaba demasiado a ese verdugo, al desgraciado, destructor de su inocencia, al padre, kilian Mackenzie, el causante de todos sus infortunios. Eran tan parecidos, solo variaba el color de sus ojos, pero el porte, dureza de las facciones, no dejaban duda de dónde provenía la semilla y eso era muy difícil de aceptar. Estaba negada, a dejar surgir algún sentimien

