Reconocí la voz al instante y pude sentir algo afilado en mi cuello. Tragué saliva con nerviosismo mientras observaba a la persona frente a mí. Era Isabella, y en ese momento, me di cuenta de que estaba amenazándome con una navaja en el cuello. - ¿Qué pasa? -pregunté, confundida y asustada. Isabella, con una gorra que le cubría el rostro, me apretó la navaja en el cuello y murmuró: - Cállate. Me quedé en silencio, y pude sentir el filo de la navaja cortando mi piel. Una gota de sangre cayó sobre mi vestido mientras intentaba mantener la calma y entender por qué Isabella estaba haciendo esto. - Isabella, ¿por qué estás haciendo esto? -pregunté, sin comprender sus motivos. Ella me empujó para que continuara avanzando y respondió: - Porque nunca voy a permitir que Santi sea feliz sin m

