Mis gemidos suenan en toda la recámara, se encarga de darme un placer inigualable con cada una de sus penetraciones desde atrás. Gimo alto cuando me hace llegar al orgasmo, su mano se pone en mi nuca para atraer mi cabeza a su hombro jalando un mechón de mi cabello.
—j***r cariño...
—¡Angus!—doy el gemido más alto cuando pasa sus manos por mis glúteos.
—Adoro ese sonido—entra profundo cuando su orgasmo lo hace tensarse y venirse en mi interior.
Jadeo contra la puerta en la que me acorraló al llegar de la universidad. Sale de mi cuerpo para sentir su semen resbalar por entre mis piernas, acompañado de mis jugos.
—Dios preciosa.
Jadea a mi espalda mientras gimo despacio, al sentirlo con su maldito amigo entre mis piernas, luego sale de mi interior y eso me roba un gemido bajito.
A mi espalda escucho que acomoda su pantalón, después como lentamente sube mi pantaleta y mi pantalón, su aliento choca contra la piel de mis glúteos haciendo que mi piel se electrifique.
Besa y después desliza sus labios por mi piel.
—Preciosa... Vamos a cenar.
—Tengo una tarea para antes de las doce...—lame mi piel—Déjame hacerla.
Asiente antes de levantarse y darme un beso en los labios. Uno de los más ricos que me ha dado, maldición que bien se sienten sus labios, este beso y muy diferente a todos los que me ha dado antes.
—Tienes una hora—susurra en mis labios.
—Si nos vamos a casar el contrato se termina—tiento mi suerte.
Respiro con dificultad cuando arquea una ceja, dios me da demasiado miedo así, se aleja un paso de mí, luego baja la cabeza negando hasta que finalmente me mira a los ojos.
—Harley...
—¿Me quieres para un matrimonio o para fingirlo?—sus labios se entre abren.
Pone una de sus manos en la madera que hay a mi espalda, ladea la cabeza despacio antes de tomar mi mentón, pero luego de eso sus ojos bajan a mis labios y decide rozar nuestros labios.
—Te quiero a ti, eso es lo que debes de asegurar—eso me sorprende—. Pero en lo que averiguo... Te casarás conmigo legalmente.
Asiento antes de que me vuelva a besar, maldición, es lo que me quiere decir que siente por mí.
Cuando se aleja me sonríe.
—¿Es de números?—ladea la cabeza y luego me sonríe.
—¿Qué es de números?—me da un ligero beso en la cabeza.
—Tu tarea.
Me sonrojo al escucharlo.
—¿Y bien?
—Es de letras... Mmm... Es algo...
—Vamos a trabajar en tu tarea—eso me sorprende—y ordenaremos algo para cenar.
Asiento antes de seguirlo, bajamos las escaleras mientras voy pensando en que clase de mosca pudo picarle para que me quiera ayudar con una tarea que no es de números, con esos pensamientos me siento rara.
Llegamos a su despacho y no tarda en tomar su celular para marcar a un restaurante y pedir comida italiana. Deja que ponga mis cuadernos en el escritorio para después buscar el que necesito para esta tarea.
Lo veo tomar un cuaderno, pero no lo presto atención, me concentró en la tarea que tengo que entregar antes de las doce, es mandarla por correo, tomarle foto y anexarla en el correo. Fácil. Creo.
Busco en internet las cosas que necesito para la tarea, ignorando lo que hace Angus al otro lado de la madera que nos separa.
—¿No te ha servido lo que te he enseñado?—levanto la cabeza para ver a Angus.
—¿Por qué lo preguntas?—gira una hoja y es el examen de Estadística—Sabes que se me complica.
Se acomoda en su silla y sus hermosos ojos se me quedan viendo fijamente.
—Te dejaré diez ejercicios diarios para que se te peguen en esa cabeza llena de ideas—estoy por responder cuando se levanta para ir a abrir.
La comida llegó demasiado rápido.
Un momento... No hace ni diez minutos que la encargó...
—¡Espera Angus!—el disparo se escucha en todo el lugar.
Corro por el pasillo y lo único que veo es a Angus en el suelo tomando la herida que tiene para no morirse desangrado. Me dejó caer de rodillas a su lado, y mis manos las pongo sobre las suyas.
—¡Auxilio, por favor!—Angus jadea.
Presionó más la herida y es cuando saco su teléfono de su bolsillo, marco el número de emergencias.
—Emergencias, ¿en qué puedo ayudarle?—dice la voz de la señorita.
—Una ambulancia... Por favor... Mi prometido... Le dispararon, por favor manden ayuda.
—Dirección.
—Avenida Praington, número veinticinco... No tarden, pro favor. Pierde mucha sangre.
—La ayuda ya va en camino.
Vuelta y mis manos no abandonan la herida de Angus en ningún momento, ambos estamos, presionando la herida.
—Por favor, no te vayas... Angus.
—No me dejes.
—No lo haré... Sólo recupérate, por favor.
No veo en qué momento los oficiales se llevan a Angus y en qué momento soy escoltada por policías al hospital.
Cómo puedo le llamo a la madre de Angus que se suelta a llanto al escucharme decirle que su único hijo está en el quirófano luchando por su vida. Los policías me hacen preguntas cuando le cuelgo a mi futura suegra, todas se las respondo de la misma manera. Lo que sé y que estaba haciendo mi tarea cuando alguien llamo a la puerta y después se escuchó el disparo.
Se retiran para darme espacio, la madre de Angus llega a eso de una hora después de que le llame.
Hay dos personas que vienen con ella, y una de ellas la conozco. Aiden.
—Harley, ¿Qué haces aquí?—pregunta al verme.
—Yo...
—¿Familiares de Angus Dalton?
Me levanto ignorando a Aiden para ponerme frente al doctor, la madre de Angus sólo conoce mi voz pero no mi rostro. Así que se que me queda viendo.
—Soy su prometida—su madre se me queda viendo.
—Soy su madre—dice ella—¿Cómo está mi hijo?
El doctor desdobla esa cosa de metal que lleva en las manos.
—Estará bien... La bala no fue a ningún órgano importante por suerte... Está fuera de peligro, pero tuvimos que darle transplante de sangre...—se gira a mí—Necesitará su ayuda... ¿Vive con él?
Asiento. Lo hago. Los fines de semana, entre semana, conozco muchas facetas de Angus y en todas sé cómo tratarlo.
—Si. Bueno, estabamos viendo cuando hacerlo completamente, pero por lo general sí.
—Perfecto. Necesitará ciertos cuidados... Venga conmigo, se los explicaré.
Lo sigo con la mirada de mi suegra a mi espalda, no quiero ni pensar lo que pasará cuando Angus y yo firmemos un documento que nos unirá en matrimonio.
Me dice todas las recomendaciones que necesito hacer para cuidar de Angus. Después de un rato me dejan entrar a su habitación, la máquina que dice sus latidos lo tiene despierto, no puede dormir con ruido. Su madre está en la habitación, acompañado de esas dos personas. Aiden que me mira extrañado. Tal vez se pregunta que hago con un hombre de cuatro años más que yo.
—Harley.
Le sonrió de manera dulce a Angus que me mira desde la cama. Me acerco para negar con la cabeza y luego me siento en la camilla.
—Me alegro que te quedarás.
—Soy tu novia, ¡claro que me quedaría!—deja un beso en mis labios.
Sonríe antes de tratar de abrazarme, pero lo alejo, no debo tocar la herida a menos que vaya a cambiar el vendaje.
—Ordenes del doctor.
Asiente, señaló con la cabeza a sus parientes. Y suspira antes de asentir para que pueda levantarme y decirle a sus familiares lo que vamos a hacer.
—Mamá... Ella es mi prometida... Harley Adams.
Su madre me mira de arriba abajo antes de sonreír abiertamente, por otro lado la cara de Aiden es nueva a lo que yo había visto antes, parece molesto por algo pero no sé porque.
—Un gusto conocerte, Harley—saluda su madre con un gesto alegre.
—¿Cómo mierda es que lo conoces?—esa pregunta llama la atención de los presentes menos la mía. Y esa pregunta va para mí—. Es más grande que nosotros por cinco años.
—Eso no tiene nada que ver con...
—¿Cuánto te paga para que finjas el matrimonio?—los puños de Angus se aprietan—. Te doy el doble para que...
—¡¿Cierras la puta boca?!—guñe Angus—. No le estoy dando ni un centavo—ya me dio muchos—. Harley es mi prometida te guste o no, y lárgate de aquí que no me gusta verte la cara mucho tiempo.
Ese es Angus.
—Bien. Nos vemos mañana Harley. Digo... Sí es que vas a la escuela.
Sale de la habitación antes de azotar la puerta al salir. La madre de Angus nos pide disculpas antes de irse.
—Que te recuperes, Dalton.
Su padrastros no ayuda en casi nada, pero al menos sé que soy la que estará a cargo de Angus por lo menos en dos meses y medio.