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1868 Palabras
Cole es un amor cuando se lo propone, y hoy es uno de esos días. Cole es mi primo, pero mi madre lo adoptó hace años cuando sus padres fallecieron. Cole y yo caminamos al departamento mientras vamos hablando sobre cosas que no tienen sentido, como solemos hacerlo siempre. —Bueno, sería interesante ver cómo Dixon acepta a... Angus. —Recuerda que Dixon no sabe de mi trabajo—si es que se le pudo decir así a lo que tenía con Angus. —Dixon es un hijo de perra cuando quiere—se ríe. Dixon es un buen hermano, pero sí Angus me lastima mi hermano lo hará añicos. Dixon no es nada malo... Sólo un empresario exitoso en el negocio del abuelo. Que le dejó mi tutela y la empresa que era de nuestros padres. —No quiero ni imaginar que pasará cuando Angus sepa que no ocupaba dinero... O cuando Dixon sepa de mi... Mierda. —Oye, Dixon no tiene porqué saber de lo que hacías para Angus... Y tienes que decirle a Angus que eres Harley Celine Adams, la hija menor de Pauleth y Frederick Adams. Me va a dar mucho miedo ver la cara de Angus cuando sepa que sí soy una chica de alta cuna y que los vestidos que me regala son de los que yo usaba hace unos años. Pero desde que mis padres fallecieron... Mi vida y la de Dixon cambiaron radicalmente, yo tenía quince y él dieciocho, ambos tuvimos que madurar de manera rápida, él comenzó a ser la figura paterna que me hacía falta los siguientes tres años... Pero por desgracia lo ignoré e hice muchas cosas de las que me arrepiento en estos momentos de mi vida. Aunque no siempre. —Lo sé. Mañana le diré—llegamos al departamento de Angus. Suspiró antes de abrir la puerta, cuando tengo el acceso al interior veo a Angus sentado en el sillón con un vaso de whisky en su mano derecha y algo en su mano izquierda. —¿Angus?—no se mueve—¿Cariño?—ni ese gesto lo hace salir del viaje astral en el que está. Me acerco a él para luego ver su cara con gesto dulce, sus ojos están perdidos en ningún lado pero su mano sube el trago a sus labios para luego bajarlo. Ya me preocupo. —¿Angus?—parpadea un par de veces antes de mirarme. —¿Cuánto llevas ahí?—me arrodilló frente a él para poner mi mano en su mejilla. —Casi una hora... ¿Estás bien? —Estaba... Pensando. —Parecía que te perdiste en tus recuerdos—por no decir algo peor. Los ojos de Angus bajan a mis labios, luego los levanta y sonrío de manera dulce. —Vamos al baño. —¿Nos presentas?—mierda. Me olvide por completo de Cole, los ojos de Angus van a dar a mi primo y luego a mí. Cole se parece mucho a mí por el color de cabello y los ojos avellanas que sacamos de nuestra abuela Claris. —Angus, él es Cole, mi primo—Cole levanta la mano y la sacude de manera tonta como si tuviera cinco años—. Cole, él es Angus, mi prometido. —Un placer, Cole—Angus se levanta y le estira la mano a mi primo que se la acepta. —Igualmente Angus. —Angus... Cole, ¿Se puede quedar a dormir aquí?—la mirada de mi prometido cae en mí un momento antes de pensar lo que le acabo de pedir—. Anda, Cole no hace mucho ruido y no ronca. Prometo que no dará lata. —Harley... —Por favor—parece que lo duda, así que decido hacer algo bajo. A lo largo de estos dos años de estar con él, he aprendido muchas cosas que Angus me ha demostrado con el tiempo y sé qué fichas mover para que haga lo que yo quiero. Me acerco a él con dos pasos cortos y con la sensualidad que quiero rozo su oído con mis labios. —Te complazcó como tú quieras en la cama. —Harley... No... Bien. Se puede quedar. —Gracias—le doy un beso antes de arrastrar a Cole escaleras arriba. Le doy la que era mi habitación. Lo ayudo a desempacar, se quedará unas semanas en lo que vemos cómo decirle a Dixon que tengo... Novio y que me casaré con él en unos meses. En menos de dos meses para ser exacta. Muero de nervios, no he hablado con Dixon en más de cuatro meses y fue porque nos peleamos y... Maldición. Bajo para ver a Angus con su computadora en sus piernas y digitando algo, tengo que decirle de esto. Es importante y ya no puedo seguir ocultandolo. Doy un suspiró antes de acercarme. —Angus, ¿Podemos hablar? Me mira y luego cierra su computadora para ponerla en la mesita que hay en medio del pequeño lugar, me siento a su lado antes de contar hasta mil de ida y vuelta. —Dime, ¿De qué quieres hablar?—trago saliva. —¿Sabes mi nombre completo?—no se me ocurre una mejor forma de empezar. Lo piensa un momento, luego niega despacio. —No recuerdo tu segundo nombre... Sólo que inicia con una C—bueno—Por qué? Busco en mi teléfono una fotografía mí y de mi hermano, tengo a pesar de que no nos hemos tomado una en años... Bloqueo el teléfono antes de regresar a la conversación que mantengo con Argus que sinceramente le tengo miedo a su reacción. Pero no creo estar lista para tener está conversación con él, así que niego y mejor decido hacer algo que me quita las inseguridades y que a él le gusta que haga. —Harley. —Hace mucho que no me haces gemir—sonríe con malicia. —¿Quieres hablar o gemir?—abro las piernas para dejar las suyas en medio de las mías. —No puedo hablar cuando gimo por tus ricas penetraciones—me muevo despacio sobre su erección. Eso nos excita. A ambos. Toma mi cabello para marcar los movimientos que desea con la ropa puesta, un leve gemido abandona mis labios por lo bien que se siente su erección pidiendo romper la tela de su pantalón y la de mi pantaleta para poder perderse en ese húmedo lugar que nos gustaría satisfacer. —Harley... No te vas a levantar mañana. Sus manos me toman de la cadera y se levanta conmigo, subimos las escaleras mientras me va besando el cuello. Cuando llegamos a la habitación me pega a la puerta, mi mano sube a la perilla antes de girarla y dejarnos pasar, cierra la puerta de una patada antes de tirarme al colchón, abro las piernas para darle el permiso que desea. —De verdad que extrañe tenerte así... —¡Harley!—grita Cole. —Lo voy a matar—gruño. Me levanto para ver qué quiere que mi excitación está fuerte y quiero una larga noche de sexo después de toda la mierda que ha pasado en este mes. —¿Qué quieres?—abro la puerta. —Dixon... Él... Está en el hospital... Harley temen que no pase la noche. /// No. No puedo creer que mi hermano esté en un hospital luchando por su vida. Le pedí a Angus que me trajera a mi ciudad natal. Estoy llorando en silencio, mientras me él me abraza despacio. No quiero que la vida de Dixon termine sin que me haya despedido o pedido que luchará, soy su hermana. Su hermanita y tal vez no supe apreciar lo que hizo y hace por mí, pero lo amo con todo el corazón. Es mi hermano y el hombre que más amo hasta el momento. El avión aterriza en el aeropuerto de Míchigan, suspiró antes de levantarme. Bajamos del avión y el auto del abuelo ya nos está esperando. Alfred me saluda con dulzura, crecí cerca de ese hombre, tantas veces que fue por mí a la secundaria. Ahora estoy en Manhattan apunto de casarme con Argus... Mi madre debe de estar sufriendo un infarto en su tumba al ver mi situación actual. —Señorita Celine. —Hola Alfred. —Lamento lo de su hermano-trago. —Todavía no muere Alfred—le dice Cole—. Llevanos a ver a ese idiota. No digo nada, sólo subo al coche, Angus lo hace conmigo aunque sé que está pidiendo explicaciones en su mente, por el momento no se las daré. Recargo mi cabeza en su hombro mientras Alfred pone en marcha el auto y me lleva al hospital. Hace mucho que no venía a Oakland... Dios. El clima es igual... Todo es igual... Menos yo. No soy la misma Harley que se fue a estudiar lejos de su familia para poder ser alguien en otro lugar que no fuera la hija de papá en este sitio. Alfred estaciona el coche en el hospital general, trago antes de enfrentar la última noche que tal vez comparta con Dixon. Bajo seguida de Angus que me toma la mano y a pesar de que no está muy contento por Alfred... No lo estará cuando sepa todo lo demás. Entramos en el edificio y puedo ver al personal haciendo sus labores de siempre, pero mi destino está en terapia intensiva luchando por respirar y sobrevivir. Entramos en el ascensor mientras Alfred hace lo que siempre ha hecho por mí y por Cole. Ponernos al tanto y tratar de que nuestro regaño no sea tan fuerte. Pero ahora no hay regaños, no hay nada malo. Las puertas se abren y mis ojos caen en la silla de ruedas del abuelo, todavía lleva el traje que de seguro uso todo el día de hoy. Una camisa de azul con un chaleco de lana que le regalé antes de la muerte de mis padres, y un pantalón de algodón en color gris. Mi abuelo eleva la vista al escuchar el ascensor. —Harley. Me acerco a él y sonrió antes de que las lágrimas salgan de nuevo. —Lo siento. —No pidas disculpas—con delicadeza limpia mi cara de las gotas saladas que se empeñan en mancharme—. Dixon tuvo sus razones para... Perdóname a mí por no irte a buscar. —No tienes que pedirlas... Nunca me las pidas. Me abraza y yo hago lo mismo a pesar de que está en la silla de ruedas, maldición. Extrañaba tanto a mi abuelo. Cuando me separó de él, veo a los amigos de Dixon. —Creímos que no vendrías—dice Rick. —¿Y perdernos la derrota de la muerte cuando Dixon la mandé por dónde vino?—que mal chiste—Jamás. —Argus Dalton. Me giro al oír la voz del abuelo, Angus saluda con respeto a mi abuelo. —Señor Adams. —¿Qué haces con mis nietos?—Argus parece seguro de lo que su boca soltará. —Será mejor que esperemos a que Dixon esté bien antes de que sentarnos a hablar. Esto no puede ir peor.
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