—¿Qué es?—bingo. —No te voy a decir que se arruina la sorpresa—hace un puchero que me causa risa ya que lo hace del otro lado de la línea e imagino su cara. Bajamos del auto y entramos a la primera tienda donde Paulina toma la mano de Noa y lo arrastra hasta la sección de chicos. —Amor, hablamos después. —Bien… No me digas tengo mis… —Mi madre no sabe. Ni Sharon tampoco mucho menos mi padre. —Adiós Dalton. Cuelga. Se enojó. Camino para ver a donde fueron este par. Fue mala idea venir con chicos de quince años. Veo a Sharon dejando pantalones y tomando otros. Me acerco al mismo tiempo que la señorita. —Sharon, me haces el grandísimo favor de no tomar tantas cosas—lleva camisas y no sé qué tanto. —Te quejas más que Noah. —Para empezar me quejo más porque eres peor que una niña,

