33 | En nombre de Dios

2425 Palabras

Los ojos de Isabella estaban cubiertos. La doparon de droga hasta que no reconoció su propia voz. Las primeras dosis de droga no le causaron muchos efectos, pero cuando la droga fluyó por sus venas en el torrente sanguíneo, y llegó a la cabeza, la noqueó. Por más que quiso luchar no pudo, y durante tres días la tuvieron encerrada en un lugar oscuro sin comida, para deshidratarla y restarle toda la energía para el exorcismo. El sacerdote la quería fuerte, furiosa, pero no lo suficiente como para que se defendiera. —¿Esta drogada? —preguntó el arzobispo. —Completamente —respondió uno de sus monaguillos. Isabella estaba arrodillada en el piso, bien bañada, peinada y oliendo a rosas y aceite, completamente desnuda, atada de manos y pies, con el culo alzado y el estómago pegado a la madera.

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