Dante respiró profundo y miró a una Isabella que estaba observando los moretones, las heridas y la mandíbula apretada. Dante fue a la abadía con un único propósito, con una única intención, y cuando se reunió con ella, respiró profundo. —Lo siento, pero no puedo verte más —dijo fuerte. Isabella despegó los labios. —¿Qué sucede? Dante tragó y la garganta le dolió. El agua aun le ardía en los ojos y la garganta, y podía sentir los golpes en el rostro. Estaba vivo porque era el prometido de Lucrezia. Estaba vivo porque así quiso Vicente, no porque realmente mereciera la vida. —Me casaré —informó al mirar el hábito de Isabella caer sobre sus pies—. Esta será la última vez que nos veamos. . . Horas antes . . —¿Tienes idea de dónde esta? —preguntó Isabella. Scarlett movió la cabe

