Isabella estuvo tres días en cama, para recomponerse de las heridas, a petición de la misma mujer que las hizo. Cecilia encaminó su actitud con Isabella e incluso pidió un doctor para sus heridas. Fueron tres días eternos en los que tuvo que fingir que le agradaba, tratarla igual que al resto, y en especial, atender sus necesidades en cama. Isabella no entendía el motivo de su cambio, y tampoco preguntó. Era curioso, y si algo aprendió en su tiempo de stripper, era que no podía bajar la guardia con alguien como ella. Bajar la guardia era lo peor que podía hacer. —No entiendo por qué lo hace —le susurró Isabella una noche a Alice cuando ambas estaban en su cama—. Su comportamiento es enfermizo. Un día es mala y al otro buena. Debe haber una razón. Alice estuvo en cautiverio dos días. Dos

