Miranda se despertó justo a tiempo, solo había tenido una siesta de 1 hora y media, pero se daba por servida. Al bajar del avión sintió un poco de mareo, pensó que era por el vuelo, tomó un taxi hacía la superintendencia de bancos de Andorra, al bajar llamó al superintendente * - ¡Buenas tardes superintendente! para ahorrarnos las preguntas soy Miranda Clayton y a usted le conviene atenderme ahora mismo - dijo ella de manera convincente - No entiendo, si usted es la que desea una cita conmigo y quiere que yo le otorgue unas concesiones - responde él ante el atrevimiento de esta mujer - Claro que no me entiende, así como nadie entenderá como usted se ha quedado con artefactos de origen nazi y cómo ha secundado la financiación de grupos radicales, obteniendo beneficios - dice ella cal

