James pasó su brazo por encima del respaldo del sillón y luego lo dejó caer sobre mis hombros. Recosté la cabeza sobre su hombro y suspiré. -Perdona, James. -No digas nada-susurró-. Ya está, no quiero hablar de eso. -Es que soy una estúpida, no... no sé que me pasó, te juro que no pienso lo que digo, no sé por qué siempre te acuso de engañarme o de otras cosas. Lo único que sé, es que mi papel principal en este matrimonio, es arruinar todo. Siempre estoy metiéndome en donde no debo, diciendo estupideces, y te prometo que no volveré a hacerlo, solo, no me dejes. James apoyó su cabeza sobre la mía y bajó del todo el volumen del televisor. El partido de hockey ya había acabado y era el comienzo del espacio publicitario. -No voy a dejarte, _______. ¿Crees que podría? -Dijiste que te ibas

