Hace ya unos minutos que he despertado, pero aún así no poseo muchas ganas de abrir los ojos todavía y sé que tampoco es muy necesario porque aún es temprano y todos en casa duermen. James se encuentra acurrucado a mi lado con sus piernas entrelazadas con las mías y sonrío porque me aprieta contra su pecho. —¿Duermes? —Susurra en una pregunta. Con un sonido de mi garganta niego ante su pregunta. Besa la coronilla de mi cabeza y luego mi nariz, por último mis labios. —¿Has dormido bien? —Muy bien. —Sonrío cargada de sueño y abro los ojos—. ¿Tú? —Bien. Sus ojos miel se encuentran con el verde de los míos. Le sonrío tiernamente sin prever que va a besarme con dulzura. —¿No te he dicho yo que no me gustan los besos en la mañana? —Sh, calla. —James... —murmuro. —Sh, calla. —Su boca at

