El canto de los pájaros nos despierta al amanecer, ni siquiera son más de las diez y los niños duermen. Jmaes prende el televisor mientras yo pretendo hacerme la dormida para seguir sus movimientos. Aún no creo necesario hacer notar mi presencia porque no tengo siquiera ganas de hablar. Mi esposo bosteza un par de veces y me cubre con la manta de la cama, rodea mi cuerpo y observa al televisor. —James —lo llamo adormilada. Su rostro baja al instante pare esconderse en el hueco de mi cuello y planta un beso allí. —Buen día —dice con voz ronca. Sonrío aún con los ojos cerrados y busco su cabello para tomarlo entre mis manos y brindarle un suave cariño. Vuelve a besarme en el cuello y luego planta un beso sobre mis labios. —¿Dormiste bien? —Muy bien, ¿y tú? —Muy bien. Decidimos desayu

