La mañana estaba fría, con ese viento temprano que siempre parecía adelantarme el día antes de que ocurriera. Caminé hacia la entrada del instituto con los auriculares apagados, solo por tener algo que me aislara del ruido que no quería escuchar. Había estudiantes en todas partes: algunos riendo, otros bostezando, otros repasando a última hora. El mundo giraba como si nada dentro de mí estuviera cambiando. Subí los escalones del edificio con la intención de entrar rápido… pero lo sentí antes de verlo. Dante. Estaba apoyado contra una de las columnas de la entrada, hablando con dos compañeros. Su postura era relajada, casi despreocupada. Pero cuando me vio, su semblante cambió apenas… como un interruptor silencioso. Se incorporó. Dejó de escuchar lo que le decían. Sus ojos me s

