El mensaje llegó a media tarde, cuando estaba sentada en la cama con el cuaderno abierto sin escribir nada. El móvil vibró una sola vez. Dante. Oye, ¿tienes un momento mañana? Me he quedado con una duda del proyecto y creo que tú lo tienes más claro que yo. Sonreí antes de responder. No porque la excusa fuera brillante, sino porque ya no me sorprendía que quisiera verme. Sí, claro. ¿Cuándo? Tardó apenas unos segundos. Después de la última clase. En la biblioteca, si te parece. La biblioteca. Un lugar neutro. Seguro. Fácil de justificar. Me parece bien. Dejé el móvil boca abajo y me quedé mirando el techo, sintiendo ese cosquilleo familiar en el pecho. No había nervios. No había alarma. Solo expectación. Al día siguiente, durante las clases, lo noté más atento. No exagerada

