⤝LORENA⤞ El movimiento de su grueso y caliente pene me roba el aliento y nubla mi capacidad de razonamiento. El grito que sale de mis labios es del más absoluto placer. Mis paredes íntimas lo abrazan de tal manera, como si quisieran que se quedara allí por la eternidad. Santiago se hunde una y otra vez, golpeando mi punto dulce. La punta de su pene acaricia las puertas de mi útero, enloqueciéndome de placer. Haciendo que la despedida se vuelva inolvidable. —¡Aah! —gimo cuando, sorpresivamente, Santiago me eleva por los aires sin abandonar mi interior. Todo mi cuerpo se sacude y se aferra a él hasta que me deja sobre el suelo. —Gírate —ordena. Su voz gruesa y cargada de pasión no me da oportunidad ni de preguntar. Obedeciendo, coloco las manos sobre el cristal del ventanal. Las estrell

