—¿Quién... Kenzie. ¡Oh por dios, Mackenzie, dios! Jackson me levanta sin previo aviso del piso una vez que abre la puerta por completo y empieza a dar vueltas y vueltas, causando que mi dolor de cabeza aumentara más, pero, por lo menos, un Mahomes estaba feliz de verme. Esperemos que pasa con el otro. —No puedo creer que volvieras. Patrick ha estado como un zombie este par de días sin ti. —¿Está aquí? —pregunto arrastrando mi maleta con las pocas fuerzas que me quedaban el cuerpo. —Está paseando a sus perritos, ¿ya los conociste, no? —me pregunta y yo niego—. Steel y Silver, los amarás, son hermosos. El moreno me quita la maleta de la mano y mi mochila de encima y con ambas en mano, sube las escaleras en forma de caracol para dejarlas tiradas en la habitación de mi novi

