Un suave gorgeo me recibió al entrar en mi habitación; ahí estaba esa mirada azul y una sonrisa. Mik estaba sentado en su cuna, ubicada a un lado de mi cama, enseñándome un pequeño muñeco que tenía en sus manos. Siempre me habían gustado los niños, aunque era parte de la Pradva y mano derecha de Mikhail Volkov, y por ende una mujer de carácter duro, pero los niños eran mi talón de Aquiles. Cuando nacieron los gemelos yo me hice cargo de ellos, aunque en aquel entonces era una niña de 15 años; cuidé de Annia durante todo este tiempo porque ella también era una niña y me identifiqué con ella por todo lo que había pasado, y ahora cuidaba de Mik; él también me necesitaba, pero había algo en ellos, en esas miradas, que me hacía sentir a mi hijo, me recordaba a mi Nikolay; sobre todo Mik, cuand

