Convencer a la manada de la pelirroja, Karina, había sido fácil después de que salieran de la cabaña, los habían alcanzado antes de entrar al bosque y ahora casi que tuvieron que rogarles que los dejaran pelear, o al menos los miembros de la manada. Después de ver a Moira les quedaba claro que preferían están en su bando, Karina, por su parte, había accedido por que la manada había insistido y le había dicho que a la menor complicación o sospecha tomaría a sus tropas y se iría al bosque, y Moira asintió, no podía prescindir de más de ciento treinta lobos adulos y fuertes, y al menos doscientas lobas ágiles y entrenadas. —Jamás pensé que fueran tantos —le comentó Alexander esa misma noche mientras dormían en una pequeña cabaña que les habían prestado. Luciana los había llamado al teléfono

