—Ya sé que su hija tiene mucho carácter, pero si se lo ordena su padre… Ahí Víctor se dio cuenta que aquel hombre pensaba de manera muy diferente, seguramente por las costumbres de su país… o porque estaba más loco que una cabra montesa. Víctor cerró los ojos y pensó en tomarle el pelo. —Mire, es que el novio me regaló un coche, sabe.— Le decía Víctor aguantándose la risa. —Escoja los cinco coches que más le gusten y los tendrá, cinco o seis, los que quiera, y una casa, una mansión, en el sur de España, o en la Riviera Francesa, donde quiera ¿Entiende que estoy muy inMariahdo en su hija? Conmigo vivirá como una reina, no le faltará de nada… —Pare, pare, usted sabe perfectamente que aquí tenemos otra manera de pensar, yo no puedo decidir por Sabrina, ni quiero ni ella me dejaría, además

