El viernes, Carlos, Sabrina, Carly y Daniel cenaron pronto, después les acompañaron a la estación marítima para subir al barco. Se despidieron con abrazos y besos, Sabrina separó a Carly, las dos caminaban agarradas por la cintura.
—Escúchame Carly, mañana, cuando llegues a tú casa me llamas, quiero saber que habéis llegado bien.
—Desde luego nena, cada día te pareces más a mi madre.— Le decía Carly riendo.
—Tú llámame, así me dejas tranquila.— Le pedía Sabrina abrazándola una vez más.
—Claro que te voy a llamar, así escucharé tu voz.— La tranquilizaba Carly.
—Hablaremos cada día, nosotros volvemos el domingo por la noche.
—Pues espero que cuando llegues a tú casa me llames, igual que me pides tú a mí.— Le decía Carly.
—Claro, hablaremos durante el día y te llamaré cuando llegue, no te preocupes.
—Ah, y otra cosa, el lunes nos vamos a la piscina, quiero enseñar este moreno playero que tengo.— Le proponía Carly.
—Y tanto que sí, a las diez en la puerta.— Quedaba Sabrina con Carly para ir a la piscina.
Sabrina y Carlos echaron de menos a sus amigos el sábado y el domingo antes de abandonar la casa. Durante ese tiempo, tomaron el sol en la playa, se bañaron, comieron, bebieron y sobre todo, follaron como descosidos, por todas partes, en la piscina, en la cama, en el sofá, allí donde les picaba se rascaban.
Por supuesto, las chicas cumplieron su palabra, Carly llamó a Sabrina cuando llegó a su casa, hablaron durante el fin de semana varias veces, y Sabrina llamó a Carly cuando llegó ella. Volvieron a confirmar verse en la piscina el lunes.
A las diez y quince minutos de la mañana del lunes, ya estaban las chicas poniéndose crema para el sol en las hamacas de la piscina. Tomaron el sol un buen rato y se fueron a bañar.
—Pensaba que en algún momento aparecería Carlos.— Le decía Carly.
—No nos hemos separado desde que os fuisteis de Menorca, creo que necesita descansar un poco de mí. Le dije ayer al despedirnos que habíamos quedado hoy, me dijo que prefería descansar esta mañana, que nos veríamos por la tarde a las siete.
—Y os habéis metido caña seguro.— Aseguraba Carly con una sonrisa maliciosa.
—¿Caña? No hemos parado de follar los dos días, creo que no quedó un rincón de la casa donde no folláramos.— Reía Sabrina.
—Nos lo pasamos bien ¿Verdad?— Decía Carly mientras nadaban.
—Y tanto, hicimos cosas que no habíamos hecho nunca.
Le decía Sabrina a Carly, refiriéndose a lo ocurrido en la piscina entre los cuatro.
—Sabes, este fin de semana he pensado en una cosa ¿Tú no has pensado en hacer un cambio de parejas? incluso ¿En hacer una orgía los cuatro?— Le confesaba Carly.
—Mira, la verdad es que sí lo he pensado, pero sabes una cosa, creo que hay una línea que no podemos traspasar. Una cosa es besarlos, o incluso, hacerles una paja, yo lo veo como algo inocente, pero follar, no sé, que nos metan la polla y se corran dentro del coño, eso es más íntimo, y no me gustaría que esto acabara en un putiferio follando todos con todos como locos.
—Un poquito de orden coño.— Se reía Carly.
—¿Me entiendes no?— Le preguntaba Sabrina.
—Claro que te entiendo, y estoy de acuerdo contigo, como siempre. Tú eres más madura Sabrina, siempre lo has sido.
—Me cuesta pensar en follar cambiándonos las parejas la verdad.— Confesaba Sabrina.
—A esos dos, los emborrachamos y no saben si follan con nosotras o con una muñeca hinchable.— Acababa diciendo Carly, las dos se partían de risa saliendo del agua.
Llegaron a las hamacas, Sabrina se estiró a tomar el sol, Carly se sentó mirando a su amiga, cuando Sabrina la vio se sentó también.
—Cuando me miras así es porque te pasa algo.— Le decía Sabrina viendo la cara de Carly, estaba demasiado seria.
—Sigo pensando bastante más de lo que me gustaría, en aquellos días, quiero decir, aquellos días que me separé de ti y de Daniel, la cagué tanto, todavía no entiendo cómo me pude dejar liar por aquel gnomo mental, no quiero ni decir su nombre…
—¡Ey! Eso ya está olvidado Carly.— La intentaba animar Sabrina.
—No cariño no, tú puede que lo hayas olvidado, pero yo no puedo, soy consciente del daño que os hice, a Daniel y a ti, sobre todo a ti ¿Cómo pude ser tan gilipollas? Ahora, solo de pensar en que podía no haberte visto nunca más me entristece…
—Escúchame Carly, te equivocaste, vale, tomaste una mala decisión, no pasa nada, otro día la puedo tomar yo, cualquiera se puede equivocar, yo también escogí un novio que no me convenía, y tú me repetías continuamente lo equivocada que estaba…
—Pero eso lo hiciste para hacer enfadar a tú padre, ya lo sabemos…
Sabrina sacudía la cabeza de lado a lado.
—Mira Carly, suerte tuviste de que solo duró unos días, ya me estaba planteando presentarme en tu casa a las dos de la madrugada, sacarte de la cama y abrazarte. Yo no iba a renunciar a ti tan fácilmente, si te piensas que no iba a hacer nada por recuperarte estás muy equivocada.
—Lo ves, lo normal es que hubieras pensado en venir a mí casa a las dos de la madrugada para pegarme un par de hostias, que bien merecidas las tenía coño, tú… tú… ni te enfadaste conmigo.
—Yo no puedo enfadarme contigo cariño, nunca lo he hecho, no podría hacerlo, nunca nos hemos enfadado entre nosotras.— Le decía Sabrina acariciándole la cara.
—Pero pensarlo me entristece mucho, tú pareces tan segura y tan madura, no sé.— Seguía Carly triste.
—Olvídate ya coño, te quiero mucho Carly, nosotras no hemos nacido para estar tristes, lo hicimos para conocernos y reírnos siempre ¿Lo entiendes?— Le decía Sabrina convencida.
—Que huevos tienes nena.— Contestaba Carly sonriendo.
Sabrina le acarició la cara.
—Así me gusta verte, sonriendo, como debe ser ¿Ya has quedado con Daniel esta noche? Nos vemos en el bar que trabajo, tomamos algo y nos vamos a cenar.
—Perdona, pero tú no trabajas en ningún bar, no entiendo como tu jefe te guarda el trabajo para septiembre, yo te hubiera puesto de patitas en la calle ya.— Se cachondeaba riéndose Carly.
—Ahora veo a la Carly de siempre, vamos a tomar el sol anda.— Daba por concluida la conversación Sabrina.
Se estiraron las dos en la hamaca para tomar el sol.
—Sabrina.— La llamó Carly.
—¿Algo más Carly?— Preguntó Sabrina.
—Yo también te quiero mucho.
Se agarraron de la mano y giraron las cabezas para mirarse, como aquel primer día que se conocieron en el parque.
Cuando Sabrina se despertó en su casa de la siesta, salió de su habitación, tenía sed y quería ir a la cocina a buscar agua. Escuchó ruido en la habitación de su padre, se acercó y miró dentro. Víctor estaba llenando de ropa una bolsa grande.
—¿Te vas a fugar de casa?— Le preguntó cachondeándose Sabrina desde la puerta, con un vaso de agua en la mano.
—Mira niña, menos cachondeo, tú ya has hecho tus vacaciones, ahora me toca a mí.— Contestaba Víctor.
—Supongo que te irás con la folli folli ¿O es con otra?— Insistía Sabrina.
—¡Sabrina vale! Por cierto, no me has contado nada de las tuyas, solo algunos mensajes para que supiera que estabas bien y nada más. Ven siéntate un rato.
Le señalaba Víctor un rincón de la cama para que se sentara, Sabrina entró despacio y se sentó.
—Nos lo hemos pasado muy bien, estuvimos con Carly y Daniel, así que tenía que ser divertido a la fuerza.
—Me alegro, dime una cosa ¿Por qué al zoquete me lo presentaste el primer día y a Carlos no hay manera de conocerle?
—Papá…— Víctor la miraba interrogándola con la vista.— Ya sabes porque empecé a salir con el drogata…
—Es decir, que no me lo presentas porque te importa, porque estás enamorada. Pues no lo entiendo, si es así, lo entiendo menos.
—Tranquilo papá, vamos a dejar que pase el tiempo, ahora mismo mi preocupación principal es acabar la carrera. Lo otro espero que se afiance y con el tiempo ya…
—Como tú quieras Sabrina.— Cerraba el tema Víctor.
Ella se levantó de la cama y abrazó a su padre.
—Ya sé que voy muy a mi bola, puede parecer que no me importa tú vida, pero no es verdad, perdóname por no preocuparme de ti todo lo que debería…
—Eres mi hija Sabrina, estás perdonada de serie, ya lo sabes, yo solo quiero que seas feliz.
—Gracias papá, que sepas que me alegro mucho que estés con alguien, no me gustaría verte todo el día en casa solo y amargado.
—Eso es imposible estando contigo, tú ya te preocupas de mantenerme activo.
—Últimamente sabes que no, casi no paro por aquí, por cierto ¿Llevas en la bolsa los condones?
—Sí cariño, los condones y la manzana para la profesora, lo llevo todo.— Se reía Víctor.
—Sabes, lo único que no me gusta de tú novia es el nombre, folli folli es muy raro.— Le decía Sabrina saliendo de la habitación riendo.
—Que cabrona eres hija.— Fue lo último que escuchó Sabrina.