El día siguiente Carly y Sabrina iban en un autobús. Sabrina sujetaba una carpeta bastante grande, donde llevaba sus bocetos.
—Hay que ver donde vive esta tía, eso está en el quinto coño, dos autobuses para llegar y después caminar un rato.— Se quejaba Carly.
—No te empieces a calentar, que luego llegaremos y le soltarás alguna fresca sin ton ni son.— La alertaba Sabrina.
—La fresca se la voy a soltar de todas maneras, no te preocupes, no la trago tía.— Sabrina reía.
Llegaron caminando a la entrada de la propiedad de Mercedes, en ese momento salían de un coche dos de los compañeros.
—¿Habéis venido caminando?— Preguntaba uno.
—En bus.— Contestaba Carly.
—Pues podemos quedar y venís con nosotros, él y yo hemos quedado en el centro.— Comentaba el que conducía el coche.
—Pues estaría bien, el centro no nos queda tan lejos como esto.— Decía Sabrina.
—Vale, ya quedaremos para venir mañana.— Acabó diciendo el conductor.
Se quedaron los cuatro mirando la casa desde fuera.
—¿Esto es una casa? ¿O es el hospital que queremos hacer en el trabajo?— Decía uno de los chicos, sacándoles unas risas a los demás.
—Anda llamar, que se nos va a hacer tarde.— Avisaba Sabrina al grupo.
Les abrieron desde el interior, recorrieron un caminito por el jardín delantero y llegaron a la puerta principal del edificio. Les esperaba Mercedes.
—Muy justos de tiempo habéis llegado.
—Todavía no son las cinco ¿O es que tú llegas media hora antes a los sitios?— Le contestaba Carly.
Mercedes, sin contestarle, ni mirarla, abrió la puerta del todo para que entraran, la cerró detrás de ellos y caminó la primera para que la siguieran, iban pasando por un extenso recibidor. Carly le hizo un gesto con la vista a Sabrina, para que se fijara en que Mercedes, caminaba con la manita levantada, como si llevara el bolso colgando sin llevarlo.
—¿Has visto? Debe ser una costumbre de la gente rica.— Se cachondeaba Carly. Sabrina se tapaba la boca para no reírse, los chicos no sabían que había hecho reaccionar así a Sabrina.
Después pasaban por un salón enorme, Mercedes caminaba orgullosa, sabiendo que estaba impresionando a sus compañeros.
—Que suerte vivir en una casa tan grande ¿Eh? O sea, te puedes perder y los demás no tienen por qué aguantarte ¿Verdad Mercedes?— Se cachondeaba Carly, los demás disimulaban la risa. Mercedes la miró de reojo sin contestarle.
—Empezamos bien la tarde.— Pensaba Sabrina.
Salieron a la terraza, una gran terraza claro, con vistas a una piscina alucinante. Había una mesa bastante grande con ocho sillas, de pie, estaban los que faltaban para completar el grupo. Sabrina los empezó a saludar, cuando vio en la otra punta de la terraza, otro grupo de gente. Ocho personas más y entre ellas… Carlos. Se acercó a Mercedes.
—Perdona ¿Es que has dejado que otro grupo venga a hacer el trabajo a tú casa?—Le preguntó.
—No, es el grupo de mi hermano gemelo, Carlos ¿No lo ves allí?
—¡Carlos!… ¿Carlos es tu hermano?— Preguntó inocente y sorprendida Sabrina.
—Carlos Santiesteban, sí, como yo ¿O es que no sabías mi apellido?
—No, no lo sabía.— Respondía Sabrina sin dejar de mirar a Carlos, Carly que veía que algo pasaba se acercó a Sabrina.
—¿Qué pasa?— Le preguntó Carly a Sabrina.
—Que Mercedes es la hermana gemela de Carlos.— Respondió Sabrina sin dejar de mirar a Carlos.
—¡Sí hombre! Si no se parecen en nada.— Decía Carly mirando a Mercedes, intentando encontrar algún parecido con su hermano.
—O sea, que no nos parezcamos no quiere decir que no seamos gemelos.— Se defendía Mercedes.
—Entonces… Esta es la casa de…—Pensaba en voz alta Sabrina.
—Sí, esta es la casa del gran arquitecto Antonio Santiesteban, mi padre.
Sabrina e Carly se miraban.
—¿Está aquí? Es uno de mis arquitectos favoritos, ese edificio por el que le han dado tantos premios es una auténtica maravilla.— Preguntaba Sabrina.
—No, no está, estas tardes se van a la Casa de Campo.— Respondía Mercedes.
—Claro, claro, a la Casa de Campo.— Añadía Carly de cachondeo.
—Ya les he dicho que no hacía falta, podrían estar en el ala norte y nadie les molestaría, pero no me hacen caso.— Añadía Mercedes, para que supieran lo grande que llegaba a ser la casa.
—Ya ves Sabrina, en el ala norte, escucha Mercedes, controlarlo bien, o sea, porque cualquier día sale la casa volando con tantas alas que tiene.— Volvía a cachondearse Carly, a los demás se les escapó una carcajada, a todos menos a Celestina, ‘Celes’ para los amigos.
Con las risas se giró Carlos, miró fijamente a Sabrina, que también le estaba mirando a él.
—Estás muy graciosa hoy Carly.— Le dijo Mercedes, mirándole directamente a la cara por primera vez, Carly la provocaba con una risilla.
Sabrina, aprovechó para agarrar a su amiga del brazo y apartarla, así también apartaba ella la vista de Carlos.
—Ya está bien Carly, te has pasado un poquito con Mercedes.— Le recriminaba Sabrina a su amiga.
—¿Qué? ¿Nos sentamos ya y empezamos a trabajar?— Comentaba uno de los chicos.
Sin decir nada se fueron sentando. Sabrina fue la única que se quedó de pie, abrió su carpeta y fue distribuyendo los bocetos por la mesa, de reojo, veía como Carlos, mientras escuchaba a uno de sus compañeros, no le quitaba la vista de encima, eso la incomodaba, así que prefirió concentrarse en darles a sus compañeros las explicaciones pertinentes del proyecto.
Cuando acabó Sabrina de dar explicaciones se sentó, los compañeros miraban uno a uno todos los bocetos, unos se sorprendían, una arrugaba el ceño, dando a entender que no estaba de acuerdo, Mercedes, otra parecía que no tenía opinión, Celestina, ‘Celes’ para los amigos.
—Perdona ¿Todo esto lo has hecho en dos días?— Comentaba uno de los compañeros.
—Sí, bueno, solo son unos dibujos hechos con prisas, para tener una idea por dónde empezar.— Respondía Sabrina con humildad.
—En fin, o sea, a mí me parece que lo podríamos mejorar bastante…— Empezaba a hablar Mercedes.
—Está perfecto ¿Qué vamos a mejorar Mercedes? Con todo esto podemos empezar a trabajar ya mismo.
Rectificó otro compañero, no dejándola ni acabar la frase, todos los demás estuvieron de acuerdo, menos Celes claro, que no decía nada.
—Creo que podríamos empezar a distribuir las tareas, yo en el anterior proyecto hice un bar restaurante, así que me gustaría cuidarme de la zona del bar y auto servicio.— Comentaba uno de los chicos.
—Me parece perfecto, apunto.— Decía animada Sabrina, sacando una libreta tomando notas.
—¿Tú qué quieres hacer Celes?— Preguntó Sabrina.
Celes miró de reojo a Mercedes, parecía que le pedía hasta permiso para hablar.
—Bueno… O sea, yo… presenté un parking en mi anterior trabajo.
—Pues perfecto, puedes encargarte de las dos plantas de parking subterráneas.— La animaba Sabrina.
—No lo va a hacer bien, siempre se…— Empezaba a decir Mercedes.
—Lo va a hacer perfectamente, yo confío en ti Celes, estás capacitada para hacer un buen trabajo, estoy segura.
Envalentonaba Sabrina a Celes, mientras le agarraba la mano para darle más fuerza a la frase. Celes la miraba medio asustada, Sabrina le volvía a repetir.
—Lo vas a hacer bien Celes, lo harás bien.
—Celes cambió la expresión, se le notaba en la cara que le estaba subiendo la autoconfianza, los demás compañeros también la animaban, ella iba girando la cabeza mirándolos uno a uno con una sonrisa. A quién no miró fue a Mercedes, ya sabía que aquello no le gustaría a su amiga.
Se fueron distribuyendo las tareas, Mercedes escogió una de las plantas de habitaciones para los enfermos, otro chico escogió otra.
—No sería mejor que las plantas de habitaciones, fueran todas gemelas, o sea, si yo proyecto una ¿Las demás no tendrían que ser iguales?— Opinaba Mercedes.
—Bueno, esta es una de las cosas que podríamos mejorar de los hospitales que conocemos, todos tienen las mismas plantas, son iguales, a veces les cambian el color para que sepas dónde estás. Pues nosotros, podríamos hacer diferentes distribuciones, que sea un hospital ‘más amable’ con los enfermos, no tiene porque ser un sitio frio y desangelado, puede tener color y alegría ¿Qué pensáis?— Recomendaba Sabrina.