Después de terminar de contarles lo que tenía, Marius salió disparado de la casa. Era comprensible, estaba frustrado. Me senté en una de las sillas. No pude seguirlo, el sol aún estaba afuera. Talia vino y se paró a mi lado. Me llevó a descansar mi cabeza en su pecho y me sostuvo allí. Los vampiros encontraban mucho consuelo en sus Señores. Para mí era reconfortante tenerla allí. —La encontraremos. Esto no fue un fracaso de nadie. Sé que quieres culparte a ti mismo, pero debes culpar a los renegados que se la llevaron. Este sentimiento solo te distraerá de lo que necesitas hacer para encontrar a Echo —murmuró. —Marius la va a llevar, ¿verdad? —pregunté. —Ojalá pudiera decirte que no, pero él no es fácil de predecir. Le puedo decir que la deje aquí o que otros se enterarán de su conexió

