Ares observaba turbado aquel rostro provisto de color que yacía inerte en la cama. La habitación estaba en penumbras pero Ares veía perfectamente aquel rostro al que inquietantemente se parecía...No. Se corrigió, era idéntico al suyo. La miniatura que le había dado el viejo duque no le había hecho justicia, aquel rostro aunque pálido y ojeroso era la viva imagen de él, era como verse a sí mismo casi muerto en esa cama. Cerró los ojos y alargó su mano para lograr estabilizarse del mareo momentáneo que lo invadió, con razón en aquel baile nadie dudó ni un segundo que él fuera el verdadero Marqués de Saint Clear ¡Si eran como dos gotas de agua por Dios santo! Ahora quedaba más que claro porque todos le hacían reverencias y aunque las devolvía con aplomo, muy dentro de él pensaba que esta

