La rebelión de Afrodita

1500 Palabras

El ramo de margaritas blancas rodó por los escalones del impoluto suelo de mármol al mismo tiempo que Dalia alzaba su daga y la sujetaba con fiereza en el cuello de aquel impostor. —Te hice una pregunta. ¡Responde! —Rugió mirándolo con los ojos llenos de furia. El extraño le devolvió la mirada con un asombro impropio del carácter inalterable de Sebastián. Si antes había tenido dudas ahora no quedaba ninguna sospecha. Aquel hombre no era el marqués. A su alrededor todo era un caos, por el rabillo del ojo pudo ver cómo el sacerdote se daba la bendición y a sus espaldas, los murmullos incesantes de los invitados hacían ecos en los vitrales de la iglesia. — ¡Dalia! ¡Por el amor de Dios guarda esa daga!—La voz de su madre se alzaba por encima de las demás. Histérica. — ¡Harold haz algo!

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