Un montón de Mentiras

1727 Palabras
Eran cerca de las 3 de la madrugada. Las calles de Bethnal Green estaban desiertas. Sin embargo, había algo en el ambiente y en el frio bostezo de la noche que daba la sensación de que realmente no estabas completamente solo, era como si un millón de ojos se posaran en tu nuca. Al menos a si se sintió el duque cuando a travesó el puente que comunicaba a Londres con Bethnal Green, llevo su pañuelo de seda a su nariz y evito mirar por los lados el fangoso barro lleno de estiércol que rastrojaban las ruedas del carruaje, era un barrio olvidado de la mano de Dios, era increíble que un bebé haya sobrevivido a tales penurias. Aun así el viejo Duque no sintió el más mínimo remordimiento. El carruaje se detuvo completamente en un edificio imponente de ladrillos, a simple vista parecía ser una destilería de cerveza abandonada pero cuando el Duque descendió del carruaje y lo miró más de cerca, se dio cuenta que el edificio estaba en buenas condiciones y tenía una fachada impresionante, más exactamente una gigantesca estatua de piedra que adornaba la entrada. De repente, la puerta lateral del edificio se abrió y salió un gigantesco hombre pelirrojo que debía medir más que la media, el duque dio un paso atrás y se resguardo detrás de su lacayo, no era miedo solo esperaba que entre menos gente lo viera fuera mejor. —Mi amo lo espera—Pronunció solemnemente el gigante pelirrojo haciendo un ademan con la mano invitándolo a pasar. El duque desconfió enseguida. —Estoy esperando a un hombre—dijo dando un paso al frente esperando así que su imponente figura amenazara al gigante —Su hombre está dentro—Contestó el irlandés con un deje burlón. El viejo duque resopló y dio un paso al frente, instruyo al lacayo que ingresara primero y luego lo siguió, no confiaba en nadie y menos en un irlandés mal hablado. Se sorprendió cuando se adentró en el edificio y pudo ver claramente que era un club de boxeo, había un gigantesco ring al fondo bien posicionado, varios asientos de cuero para observar las peleas y las paredes estaban adornadas con buenas pinturas, sino estuviera en un barrio tan miserable, el duque tal vez se plantaría la posibilidad de asistir a una pelea y ser m*****o del club, pero como las cosas eran así ni se molestó en seguir observando más detalles. El gigante pelirrojo se detuvo de pronto y bajo un escalón hasta un pequeño sótano, el lacayo se detuvo también esperando instrucciones del duque, quien asintió con la cabeza para que siguiera avanzando. El sótano no estaba bien iluminado, una pequeña luz que provenía de una lámpara de gas sobre una mesa era la única fuente de iluminación que rodeaba la pequeña habitación. Cada escalón grujía a medida que los pasos iban avanzando, cuando los 3 hombres tocaron el suelo roñoso de madera, el silencio era aplastante, el duque visualizó a William sentado en una silla con el rostro completamente húmedo. —Señor—Se levantó e hizo una pequeña reverencia. —Así que este es el lord que me anda buscando. —Las palabras dichas con un leve acento burlón provenían de una poderosa voz a su izquierda. El viejo duque rápidamente se dio vuelta pero solo fue recibido por la oscuridad, cuando sus ojos se adaptaron a las sombras pudo distinguir una poderosa silueta sentada en un sillón. Sin nada que perder, el duque dio un paso al frente y preguntó sin vacilación:—¿Es usted el hombre que llaman Ares...? La silueta negra se levantó, camino despacio haciendo malabares con lo que parecía ser un bastón que reflejaba algunos destellos con la luz de la lámpara y luego cuando la luz descubrió su rostro, él duque dejo caer el pañuelo de seda que tenía apretujado en su mano tremendamente impactado. — ¿Quién hoza buscar a Ares…?—Preguntó amenazante Era como ver a Sebastián. La misma cara. La misma altura. La misma expresión. Excepto que no era Sebastián. La figura amenazante que se hacía llamar orgullosamente como un Dios griego, era más imponente que Sebastián y a diferencia de el, tenía el cabello más largo, su porte era más atlético y los ojos... Esos ojos inquietantes que lo persiguieron en sueños ahora parecían ser negros... o ¿Azules? El sótano estaba demasiado oscuro para saberlo. Ares sonrió o lo intentó, era una sonrisa que a menudo era vista en las más altas esferas aristocráticas para mostrar fastidio, era increíble que él, criado en la inmundicia tuviera porte para mostrarla, era de suponer que, a pesar de todo, su sangre seguía siendo tan azul como la de él. —No repetiré la pregunta. El duque sonrió casi con la misma expresión que Ares utilizó. —Soy el Duque de Saint Clear y necesito el favor de Ares. *** Ares observaba sin expresión al tal duque de Saint Clear. Había algo familiar en él que le inquietaba. Cuando el duque utilizó la carta del favor de Ares, a él no le quedó más remedio que pasarlo a su oficina y discutirlo, quería saber cuál era el favor que quería, qué era aquello tan importante para venir hasta Bethnal Green por sus propios medios. Observó a el viejo, debía tener unos 65 años y estaba en buena forma, su cabello era casi totalmente blanco y sus ojos era familiarmente azules. Ares se sirvió un buen whisky y le sirvió uno al Duque también. —Entiendo que quiere un favor mío—Dijo sentando en su imponente escritorio. —Mis favores cuestan, Excelencia. El duque dio un sorbo al whisky y contempló con quietud el vaso, levantó la vista y le brindo una media sonrisa a Ares. —Lo sé. Es un favor que solo usted personalmente puede hacer. Ares arqueo una ceja, había favores en donde él solo mandaba, pero ¿Hacerlo personalmente...? Hacía años que él no se ensuciaba las manos, al menos ya no, puede que su alma estuviese condenada hace mucho tiempo pero le gustaba creer que todavía no llegaba a su límite, que había algo de salvación en él, aunque solo fuera una pequeña parte. —Ahora si tiene toda mi atención. El duque se levantó y paseo por la estancia de su despacho, hizo una breve pausa y luego en voz baja comentó: —Mi hijo se está muriendo. Ares que estaba a punto de tomar otro sorbo de Whisky, detuvo su vaso justo en frente de su cara. —Lamento escuchar eso, pero no sé qué tiene que ver conmigo. El duque se dio la media vuelta. —Usted guarda extraño parecido con mi hijo, así que mientras él libra la batalla con la muerte, usted puede reemplazarlo en sociedad. Hubo un silencio ensordecedor. Debió pasar como dos minutos hasta que finalmente Ares hablo. —No estoy para perder el tiempo, excelencia. Por favor retírese de mi presencia. — Ares le dio la espalda en su sillón de cuero y se concentró en el fondo de su vaso, pero antes de que siquiera pudiera analizar con propiedad lo que acababa de escuchar, el duque habló: —Si me conociera mejor, sabría perfectamente que yo nunca bromeo. —Sentenció. Ares se dio la vuelta intrigado, el duque mantenía una pose firme y algo altanera, quizás por la insinuación de que su petición fuera una broma —Tiene mi atención—Sin esperar más, el duque saco de su chaqueta una miniatura de un retrato que rápidamente le extendió para que Ares lo tomara en sus manos. —Cuando digo que el parecido es inquietante no bromeo. Ares alargó el brazo y tomó la miniatura en sus manos con aburrimiento, al instante su frente se arrugó con preocupación. No era broma, el parecido de él y el hombre del retrato era...a falta de otra palabra, inquietante. Trato de mostrarse sereno pues no quería mostrar intranquilidad en presencia del duque. — ¿Cuántos años tiene su hijo?—Preguntó Ares sospechando algo. —25. —Respondió sin titubear el duque. Ares tenía 27, la sospecha fue disipada enseguida. Pero aun así...el parecido era demasiado para ser obra del destino, conservaría el retrato y no se desharía de sus dudas. Si su pasado no fuera un misterio, si no hubiese sido abandonado como un perro, tal vez las dudas que crecían en el interior de Ares no existieran, pero su instinto, ese que le había salvado el pellejo más de una vez, le decía que aquí había gato encerrado. — ¿Qué ganaría yo con esto?—Preguntó con el afán de ganar más tiempo para pensar en una estrategia. —Sera muy bien recompensado por supuesto, además de estar en deuda con usted. —No se ofenda, pero he escuchado mejores ofertas excelencia—bufó con sarcasmo. El duque procedió a tomar asiento—No me ofendo. Respeto a un hombre que sabe negociar. —Asintió con la cabeza—He observado que posee un club bastante llamativo y bien estructurado, es una pena que lo desperdicie en gente que no sabe apreciar el buen gusto, si accede a cumplir mi solicitud, yo me encargaré personalmente que su club sea trasladado a uno de los mejores barrios de Londres, donde podrá hacer una fortuna y tener prestigio. Ares mostro una sonrisa sin dientes, la idea era realmente tentadora y aún más porque el contrabando de Whisky estaba siendo muy vigilado por la nueva policía de Scotland Yard. —Está bien. —Accedió Ares luego de pensarlo— Tiene usted un trato conmigo, aceptaré suplantar a su hijo. El duque sonrió complacido.—Obviamente habrá que hacer unos cambios en su persona, pero considerando donde creció su dicción es implacable. —Tuve un sacerdote muy entregado en mi educación. —Me complace oír eso. El duque se levantó dando así por terminado el encuentro, le dio un pequeño apretón de manos a Ares—En unos días, le haré llegar una carta con instrucciones sobre como proceder con el plan—mencionó antes de salir por la puerta y dejar a Ares pensativo. *** — ¿Cómo se ha justificado señor?—Le preguntó Harrison al duque horas más tardes cuando estaban en su despacho a solas. —Le he contado un montón de mentiras.
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